Bueno, pues ya estoy aquí. Cuatro días fuera, por tierras de Berlusco, vuelvo y esto está que arde. Unos sacando conejos de la chistera, medidas inconexas. Otros acusando de analfabetos a los contrarios. Y, por otro lado, otro partido del siglo esta noche.
La verdad, y ustedes dirán ¿Y qué hay de nuevo, viejo? Pues nada, porque este país es así. Todo sigue igual para gozo de algunos y cabreo de muchos. Ahora que ni les cuento cómo está el país de donde vengo. Entre el viaje del Papa y la ley contra la inmigración de Il Cavaliere, entre otras pequeñeces, el telediario no pone otro cosa. Y es que allí, en la Italia de mis amores, la tele pública, y la que no, está dominadas por el Caudillo, Il Condotiere Berlusco. Y hay que ver como están las cosas. Ahora he visto a Fini, lider de la Alleanza Nazionale el partido posfascista, defender a los inmigrantes suavizando las declaraciones del Gran Líder. Lo que hay que ver. No, si esta Italia está donde está y no es gratis. El partido posfascista en el centro, y a su derecha Berlusconi. ¿Hay quien dé más?
Pero no, no voy a hablarles de política italiana, por el momento. Ni tampoco de mi experiencia personal en el viaje, que ha sido buena y jugosa, que ya habrá tiempo. Mi intención con esta entrada es hablar de una noticia que he leído en un periódico que he comprado en Roma (no digo el nombre, pues le tengo la guerra declarada por su conversión al gallardismo y por sus posiciones ultras contra las nuevas democracias socialistas de Iberoamérica, pero era el único que se encontraba). Y es que por fin le empieza a oler la entrepierna a Carlos Fabra, el ínclito pepero imputado en nueve delitos.
Pues sí, parece que empieza el espectáculo, y al caso Gürtel, que seguro que nos va a ofrecer sorpresas en los próximos días, se suma el caso más claro y más oscuro del PP, el del Presidente de la Diputación de Castellón. Claro, porque miren ustedes, después de estudiar un poco al individuo –nueve entradas sobre él, para mí que me tiene paranoico—, cómo es, cómo ha llegado allí, qué dice, cómo piensa, etc. y con nueve imputaciones –ya sé, ya sé lo del estado de inocencia mientras no se demuestre lo contrario— no me hagan apostar. Y oscuro porque esconde unos cuántos porqués. Pero lo que más me alegra, además de que se haga justicia es estar pensando cómo estarán todos los que han hablado de este caballerete como “ciudadano ejemplar”, por ejemplo Mariano el intelectual, y Camps el trajeado. Todos esos que le han defendido más que a nadie, creando una coraza de impunidad ante tamaño personaje tendrán que explicar por qué, cuando esto, antes o después avance. Y recordemos que esto no ha hecho sino comenzar, pues no olvidemos que hay nueve imputaciones y parece que los juzgados de Castellón empiezan a funcionar, que ya era hora.
O sea que la juez del juzgado número dos ha acusado al presidente de la Diputación de Castellón de ayudar a vender plaguicidas ilegales. Y parece que aquí no se ha enterado nadie. El PP mudo, sin saber cómo salir de ésta, pero lo poco que se ha oído es de mantenella y no enmendalla. Y es que no les quepa la menor duda, ¿tanta defensa a alguien que es indefendible no será para que no tire de la manta? Pues yo apuesto a que los tiros van por ahí. Por eso creo que cómo alguien de su partido se atreva a criticarle, el imputado que tiene un gran poder puede llevarse con él a otros jerifaltes peperos, por lo que estoy seguro que ahora el drama del PP es tratar mantenerse en la cuerda floja, no acercarse a Fabra demasiado no vaya a ser que pille el toro, y a la vez mostrarle su solidaridad no sea que el bueno del imputado en vez de irse a mear a casa del vecino, haga aguas mayores en casa y el olor se extienda hasta Génova.
Ha empezado la película, y yo no pienso perdérmela. El final está cantado, pero se acuerdan de aquello de “Planteamiento, nudo y desenlace”, pues nada ya sabemos cuál ha sido el planteamiento, y yo apuesto por un desenlace carcelario, pero lo que nos falta es el nudo. Un nudo gordiano que se irá deshaciendo sin remisión y a saber a quiénes y cuántos tiene atados. Aquí quedo, expectante.
Salud y República
