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10 enero 2015

¡Ea!, ¡ea!, ¡ea!, Miquel Roca se cabrea

Ahí le tienen ustedes. Y él que se creía el rey de todo el mundo, ni más ni menos que uno de los padres de la Constitución, un hombre con seny, capaz de transmitir su ideología como si fuera la buena, la única. Un tipo tranquilo, sosegado, con rasgos medidos y acostumbrado a ganar siempre.

Me refiero a Miquel Roca, aquel que se paseó por la política española como un señorito --compañero de turno de otro que tal baila como Durán i LLeida y del ‘gran Pujol’—, durante los años ochenta y noventa, pactando con tirios y troyanos, hasta que Maragall le ganó en la lucha por la alcaldía de Barcelona.

Se trata de un hombre al que la derecha, catalana y española, ha sobrevalorado, dándole un relieve que hoy queda en entredicho. Y es que, él que fue el representante catalán entre los padres de la Constitución, fue incapaz de darle los mismos beneficios a su comunidad que la que se les dio a Navarra y Euskadi. Y ahora, se lamenta de que Cataluña sea maltratada por el Estado, obviando su responsabilidad.

Miquel-Roca

Pues bien, este “buen hombre” acostumbrado a ganar –salvo en el caso de la alcaldía de Barcelona—, estimó que le había llegado otro momento de esplendor. Y decidió hacerse cargo de la defensa de la infanta Cristina, al mismo tiempo que dirige su bufete y pertenece a cuatro consejos de administración de empresas del Ibex-35.

Creyó que todo el monte era orégano y que podría pasearse por el juzgado, un paseo militar, y salir a hombros al conseguir, fácilmente, que la infanta no pisara el juzgado. Pensó que él era muy listo y tenía recursos para eso y para más. Y sobre todo estaba seguro de que nadie se atrevería a acusar a la Infanta hasta llevarla al banquillo. Lo que no vio, y todavía sueña que no puede ser, es que, una vez puesta toda la maquinaria del gobierno –el fiscal anticorrupción y la Hacienda pública—, los medios de comunicación afines a la monarquía –ABC y La Razón--  y la Casa Real en la defensa de la infanta, un simple juez, pero con dos bemoles, fuera quien se resistiera y antepusiera la Justicia a la defensa de Roca y Cía.

Así es que el juez Castro –uno de esos jueces que todavía nos hacen creer en la Justicia— imputó por dos veces a la Infanta y, a pesar del fiscal, del gobierno, de Hacienda y del Sr. Roca y sus muchachos, ha conseguido que se siente en el banquillo. Y eso quiere decir que, aún en el caso de que no haya condena cuando sea juzgada, Roca ha perdido su apuesta.. Roca se ha visto empequeñecido por un simple juez, y de ahí su cabreo.

Un cabreo manifestado sin contemplaciones, como mal jugador que no sabe perder, contra el juez Castro al que acusa de hacerse cómplice de la acusación, de dejarse influir por la opinión pública y de no aplicar la doctrina Botín. Simples acusaciones de mal perdedor.

Claro que el juez le ha contestado de forma meridiana, rechazando el recurso del abogado, lo que estoy seguro que ha cabreado más todavía al ínclito Roca, y exponiendo que:

Es cierto que don Miguel Roca Junyent incansablemente ha difundido ante los medios que la llamada doctrina Botín era aplicable a su defendida", tanto al juzgado como a la Audiencia, expone el juez instructor. Pero Roca "deberá responder a su mundo onírico" el que haya planteado "explícitamente" al juez instructor un pronunciamiento previo y específico sobre esta doctrina. "La técnica es tan antigua como el ser humano. Se lanza una afirmación que no responde a la verdad con la esperanza de que siempre habrá alguien que la asuma sin comprobarla",

En fin, que el Sr. Roca se ha quedado planchado, y ha tenido que tragarse toda su prepotencia de “abogado importante”, de hombre del Ibex, ante la entereza, dignidad y neutralidad de un simple juez: un juez de verdad. Y eso parece que le ha afectado al hígado. ¡Pobrecillo, con lo padre de la Constitución que es! ¡Una lástima!

Y colorín colorado, la infanta Cristina, como es notorio, razonable y natural, tendrá su juicio oral. Y, ¡a joderse toca!, Sr. Roca.

Salud y República

23 diciembre 2014

La que se va, la juzgada y la que vuelve

Tres mujeres de armas tomar. Tres damas de alto plumero y de baja estofa. Dos políticas y una alta aristócrata (aunque una de las políticas también es de sangre azulísima), una mezcla explosiva de primera magnitud. Hoy son noticias las tres y lo son por distintas causas

sonia castedo

La que se va es Sonia Castedo. Tarde y mal. Macarra como siempre. Y es que la Castedo podría protagonizar una obra de Arniches sin doblar una pestaña. Más chula que un ocho, doblemente imputada, esta amiguita de uno de los amos de Alicante, el empresario Enrique Ortiz, al que tanto ha ayudado desde el ayuntamiento –después de haber dado muestras de su verborrea bravucona con la oposición, con su propio partido y con los ciudadanos— ha decidido dejar la alcaldía, y lo ha hecho por twitter. Hoy, la muerta viviente ha fallecido del todo, políticamente. Y la única explicación que da es que lo hace por sus hijas. ¡Pobres hijas! con una madre así. Hay que tener desvergüenza para poner a sus hijas como causa de su dimisión. Pronto el juez la pondrá en su sitio.

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La que va a ser juzgada es la Infanta Cristina. Y aquí hay que hablar de la altura ética y de la intachable honradez del juez Castro, quien, a pesar de las presiones de la Casa Real, del gobierno y del propio fiscal –convertido en otro abogado defensor— ha mantenido su independencia y ha actuado en conciencia, defendiendo eso de que Hacienda somos todos –lo que tantas veces otros con palabras o acciones desmienten—, y empujando con determinación a la Infanta hasta el banquillo por sus presuntos delitos. Una decisión difícil, libre, valiente y contracorriente de quienes querían salvarla a toda costa. Por cierto, que del banquillo no la ha salvado ni que su abogado sea uno de los padres de la Constitución, que también ha perdido esta apuesta.

esperanza aguirre -- cencerro caricatura

La que vuelve es la gran lideresa madrileña: Esperanza Aguirre. Había que verla hace poco más de dos años, cuando abandonó la Presidencia y dejó claro que se iba porque para ella la política era una actividad temporal (hay que tener jeta para decir algo así cuando se lleva pisando moqueta pública desde 1983, o sea desde hace más de treinta años) y que lo hacía de forma definitiva, sin marcha atrás. Ya ven ustedes cómo nos podemos fiar de ella. Ahora se ha ofrecido al Gran Mariano para ser otra vez reina en la plaza de Madrid, como candidata a la alcaldía. Y vuelve después de dos hitos que a otros les abochornarían y que a ella le dan caché de mujer dura y por encima de las leyes.

  • El primer acontecimiento fue el del enfrentamiento con agentes de movilidad y policías municipales de Madrid que la multaron por aparcar en doble fila y ella, con su habitual humildad, les dejó plantados, huyó, arrolló una moto y como si nada.
  • El otro suceso ha sido ser la responsable del nombramiento de políticos implicados en la trama corrupta Púnica, entre ellos su mano derecha: Granados.

Y sin embargo, ahí sigue, con sus ademanes populacheros, con sus osadas y falsas manifestaciones y con su provocación constante a su gran líder: Mariano Rajoy.

Se trata de personajes nefastos que han hecho mucho por si mismas y por sus amiguetes, por su propia estima, consideración y sus propios intereses. Y ahí están, hoy son noticias de primera página: Una alcaldesa chulesca imputadísima, una Infanta presunta delincuente y una lideresa desvergonzada, mentirosa y barriobajera, tres alhajas en un mismo día. ¡Hay quien dé más!

Salud y República

27 junio 2014

El juez Castro a la hoguera: ¡Todo por la Infanta!

Revolución total. Las fuerzas de la reacción ‘real’ han disparado toda su artillería. Y a esperar que el ataque termine bien y la conquista sea completa. Porque en menos de veinticuatro horas han puesto en marcha la contrarrevolución.

El fiscal Horrach ha necesitado poco tiempo para recurrir la imputación que el juez Castro ha dictado contra la Infanta Cristina (probablemente pactada y preparada de antemano con los abogados de la Infanta). Todas las armas cargadas esperando que se encendiera la mecha o se apretara el gatillo. Y todo para salvar a la Infanta. Labor para la que se ha puesto en marcha todo el ejército de sumisos y palmeros de la Casa Real.

Porque no sólo es el fiscal Horrach quien quiere des-imputar a la Infanta. Ahí está el Partido Popular, el Fiscal general del Estado (por cierto nombrado por el gobierno del PP), el abogado general del Estado (también nombrado por el gobierno), Hacienda (dependiente del ministro Montoro), los abogados defensores de la Infanta (para algo han utilizado a uno de los padres de la Constitución) y los medios de comunicación afines al régimen (real, naturalmente). Y todos contra un juez común, un juez que no depende de nadie. Un juez independiente. Todo el aparato del Estado contra el juez Castro.

Cristina e Iñaki

Hay que ver las barbaridades que ha declarado en su escrito el fiscal Horrach. Una vergüenza. Llega a insultar a Castro, llega a decir lo más grave de un juez, que está actuando así por ser la imputada quien es –cuando lo que ocurre es lo contrario, es él quien actúa así para defender a la imputada--, y dejándose guiar por los medios de comunicación. O sea que está actuando de mala fea a conciencia. Y, al igual que piensa el propio juez, digo yo: ¿Y por qué no le denuncia por prevaricación?

Nunca tanta artillería se había preparado para acabar con un juez, por el mero hecho de haber imputado a la hija del rey anterior, o la hermana del rey actual. Es increíble ver con qué desparpajo se pretende hundir a un juez honrado por el hecho de atreverse a hacer realidad aquello de que: “La justicia es igual para todos”, Y todo esto sin caérseles la cara de vergüenza. Porque es uno de los contados casos en los que el fiscal se convierte en el primer defensor de la imputada, por el hecho de ser quien es.

Es una persecución nunca vista con tal de salvar como sea a la Infanta. Y eso que está más claro que el agua, y lo acepta todo el mundo porque son pruebas, que la mitad de la empresa Aizoon era de ella y que pagaba a cargo de esa empresa gastos de la casita de Pedralbes, entre otros los sueldos de los criados, además de otras veleidades.

La única defensa posible es que forma parte a la Casa Real, aunque no creo que éste sea un atenuante aceptado en derecho (y bien que se han empeñado en que el camello entre por el ojo de la aguja).

En fin, Papa Rey dijo aquello de que “la justicia es igual para todos”, el Rey hijo que afirmo la imperiosa necesidad de la separación de los tres poderes. Palabras, sólo palabras.

Lo que está ocurriendo es vergonzoso, primero con el juez Castro, honrado, cabal y justo, y después con todos los ciudadanos españoles que contemplan con estupor todas las argucias que desde todas las instancias del Estado se están forjando para evitar la imputación de un miembro de la Casa Real y además pretendiendo tomarnos el pelo.

Desde luego, cada vez se entiende más ese imperativo pepero para aforar a Juan Carlos, porque no es lo mismo ser juzgado como ciudadano normal por un juez de base como Castro, que por el Tribunal Supremo, que es nombrado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), órgano nombrado por los grandes partidos. ¿Se entiende la diferencia, o no?

Por cierto, yo creía que el CGPJ tenía como uno de sus cometidos defender a los jueces que se veían injustamente atacados. Pues ni eso. Castro es una excepción. Pero todos estos órganos interesados que atacan o no defienden a este juez han de saber que el Juez Castro no está solo y que tiene todo el apoyo de la gran mayoría de los ciudadanos, que se preguntan hasta dónde puede llegar la desvergüenza de estas instituciones.

Sólo les falta meter al ejército en el ajo y hacerles sustituir el lema de los cuarteles: ¡Todo por la patria!, por el que corresponde a los nuevos tiempos: ¡Todo por la Infanta! Se ve que ésta es la nueva forma de ser patriotas.

Salud y República

17 febrero 2014

Demostrado: Horrach, el verdadero defensor de la Infanta

Lo sabíamos. No nos cabía ninguna duda. No era difícil de suponer, pero ahora ya tenemos la prueba. Sin duda, el fiscal Horrach ha sido quien ha dirigido la defensa de la Infanta. Mientras que sus abogados han seguido sus instrucciones.

La prueba la ha obtenido la revista Interviú de un documento firmado y compilado por el fiscal Horrach donde dice cómo ha de realizarse la defensa de la Infanta Cristina, en un documento de cinco hojas que Interviú ha titulado: Manual para salvar a la Infanta. Y aquí copio un resumen del contenido:

Infanta y Juez Horrach

Horrach propone convencer a los abogados de la Infanta de que la opción más inteligente es la de no recurrir (…) y que propongan la comparecencia voluntaria de la Intanta a la mayor brevedad posible. Así mismo, entre otras lindezas, el fiscal pide también a la Casa Real que no hable y se abstenga de apoyar a la Infanta para que no se sulfure la opinión pública, y así asegura que la declaración de la Infanta servirá para ganar la guerra.

Toda la estrategia de la defensa que se ha seguido está en este documento. Como pueden apreciar nunca se vio un fiscal tan dedicado a defender a un imputado. Porque hasta ahora nos habían enseñado que el fiscal era el acusador. Quizá desde ahora, desde el caso Horrach haya que cambiar las funciones del fiscal. Con este documento queda demostrado lo que ya todos sabíamos: La justicia no es igual para todos.

Hay que ver hasta qué punto hemos llegado. Ahora resulta que los defensores, esos famosos y apreciadísimos abogados como son Roca y Silva, resulta que están haciendo de monaguillos del fiscal. Una variante nueva que desconocíamos. Y es que parece ser que entre los peperos y la Casa Real todavía nos quedan unas cuantas cosas por ver.

No perdamos la última esperanza: La solvencia y la honradez del Juez Castro que puede dar al traste y hacer que el fiscal y sus abraza-farolas pierdan la guerra. Entiendo perfectamente la dificultad de un juez decente que para poder llegar hasta el final se le exige ser un héroe y luchar contra instituciones tan fuertes como la Fiscalía, la Agencia Tributaria, la Casa Real y los medios afines.

Ha quedado claro que el Fiscal ha actuado para ganar las dos batallas, la de la Justicia y la de la Opinión Pública. De la primera no sabemos cómo acabará. De la segunda esperemos que después de haber descubierto este documento al menos nos quede bien claro en qué campo juega cada uno. Y desde luego el Fiscal está tratando de meter goles en su propia portería. ¿Por qué? ¿A cambio de qué? Habrá que preguntárselo al Fiscal General del Estado que es su jefe, o a Gallardón que es el ministro, o a Rajoy el presidente, o a su papá como Jefe del Estado. Pero no se preocupen, lo negarán todo, aunque ya les conocemos: mienten más que hablan.

Salud y República

07 enero 2014

Un juez cabal imputa a la Infanta

Es verdad que la Justicia no es igual para todos. Eso ha quedado confirmado frecuentemente. Cuanto más importante se es, más impunidad. Y no es sólo cuestión de tener más recursos que también. Los más poderosos gozan de privilegios que no tienen la mayoría de los ciudadanos.

Por eso, es de agradecer que haya jueces que cumplen con su obligación, capaces de intentar --a pesar de las presiones, de las insidias y de los aparatos del Estado que se ponen en marcha para pararles—, que la Justicia funcione de forma igualitaria para todos.

Recordemos a Garzón, condenado y muy condenado por cuestiones de forma para parar los procesos Gürtel y de Víctimas del franquismo. Otro juez que ha sido azotado por su propia jerarquía ha sido Elpidio José Silva, acorralado, castigado y denostado por llevar a la cárcel al “pobre e inocente Blesa”, ya saben el Santo de Caja Madrid.

Hoy, hay otro juez –al que casi habríamos de considerar un héroe por cumplir con su obligación— que ha dado un paso hacia la Justicia y la Igualdad: el juez Castro que ha imputado a la Infanta Cristina. ¡Ya era hora! Y digo que es casi un héroe porque ha tenido que luchar contra la Fiscalía, que de forma inverosímil la desimputó, y contra todas las instancias que defienden ciegamente a la Casa Real.

Un juez que ha tenido todo tipo de presiones y que sin embargo, sin prisa pero sin pausa, ha ido dando todos los pasos para poder imputar a la Infanta. Ha ido recogiendo todos los datos necesarios para que no haya ninguna duda. Aunque hay una posibilidad legal –increíble pero cierto-- que pueda evitar que la Infanta declare ante el juez: que el Fiscal y el Abogado del Estado pidan el archivo de la causa. ¡Sólo faltaba eso para darnos cuenta de los cambalaches que se ciernes en los podridos tejados del Estado!

Infanta Cristina imputacion

Castro ha demostrado ser un juez cabal, un juez justo, una excepción si lo comparamos con otros, capaz de luchar contra corriente, contra sus propios colegas, contra la Casa Real o contra el gobierno y otras instancias judiciales y políticas.

Hoy, gracias a José Castro Aragón podemos decir que al menos una parte de la Justicia actúa con coraje, con neutralidad y con contundencia. Porque todos sabemos que si los presuntos delitos que se le achacan a la Infanta, los hubiera cometido presuntamente otra persona estaría imputada desde hace tiempo.

En estos momentos, podemos decir que el año 2014 no ha empezado nada bien para la Monarquía. Esta imputación vuelve a cuestionarla y si a eso sumamos la intervención del monarca de ayer, cuyos titubeos y dificultades de expresión hacen presumir una incapacidad para estar al frente de la Jefatura del Estado, podemos suponer que es un momento idóneo para reivindicar la III República, como sustitución en la cabeza del Estado que pueda limpiar las miserias de esa institución.

El juez Castro ha imputado a la Infanta por los presunto delito fiscal y de blanqueo de capitales. El auto del juez contiene 227 páginas y pone en su lugar lo que muchos pensábamos, entre otras cuestiones, la imposibilidad de que Aizóon se creara sin el consentimiento de la Infanta y la implicación de la Infanta en operaciones ilícitas que dicha empresa desarrolló.

Ahora veremos cómo actúan las altas instancias del Estado, pues si mala es la imputación para la Casa Real, peor podría ser que intervinieran para dejar sin acción la decisión del juez Castro. Significaría la total falta de confianza en las instituciones por parte de los ciudadanos, algo grave y de impredecibles consecuencias.

Salud y República