05 enero 2009

La Iglesia encuentra al culpable del cambio científico

Ya sé que ustedes son unos descreídos, y que les va a costar tragarse esto. Pero aquí está la prueba, que no es cosa mía.

Sí señores, la píldora anticonceptiva tiene efectos devastadores para el medio ambiente. Y además es culpable de la infertilidad masculina. Eso hasta ahora, que creo que los estudios siguen y podría ocurrir que fuera también la responsable de que el AVE no pare en Tarancón o de que entre los Magos de Oriente haya un negro.

Es un "auténtico" estudio científico que el Vaticano ha encargado a unos médicos catolicísimos. Y es que claro, se pone la gente a tomar píldoras anticonceptivas antes y después de las comidas (que conste que yo sólo tomo tres al día) y pasa lo que pasa.

Para mí que algún descerebrado desde la FAES, quizá el descerebrado mayor del reino ya va a empezar a creer en el calentamiento global, puesto que habrá encontrado una causa digna y edificante. Por cierto que el primo de D. Mariano se encuentra desconcertado y a punto de entrar en un convento para poder reflexionar sobre su incierto negacionismo.píldora

O sea que amigos y amigas kabileñas no abusen de la píldora, ya que es mala per se y por sus consecuencias. Además de evitar nacimientos de niños fermosos y necesarios para, entre otras cosas, ser monaguillos y seminaristas --que creo que hoy hay una crisis tremenda en la Iglesia y no encuentran--, causan la infertilidad masculina y lo más grave, tienen "efectos devastadores" en el medio ambiente, al igual que los pedos de las vacas.

Por lo tanto dejémos de dar judías a las vacas y procuremos hacer lo que haya que hacer sin componendas (o sea, como el Supremo manda) que ya sabemos que además de todo lo anterior, evitaremos pecar; y si alguna mujer hubiera caído en la tentación (amén) de anticonceptivarse por favor que se aguante y no orine, que el afamado estudio científico dice que el efecto devastador se produce al expulsar, por la orina las mujeres, toneladas de hormonas a la naturaleza. Y es que mujeres del mundo entero vais como locas, que si por aquí o por allá, todo el día lanzando hormonas por doquier. ¡Cortaros un pelo!

Por último como postre, el buen doctor Castellví, presidente de los Médicos Católicos --sí señores existe un colectivo médico basado en la religión; que sepan que está a punto de constituirse uno con médicos del Atleti con bata rojiblanca-- y responsable del estudio dice que se falta a cinco principios de los Derechos Humanos, los que siempre "ha cuidado la Iglesia": el derecho a la vida, a la salud, (naturalmente a la de los católicos, los demás que se conviertan) aunque sea sufriendo y muriéndose, a la educación, por supuesto católica, cualquier otra es falsa, a la información y a la igualdad entre los sexos, por ejemplo el de las monjas en el ejercicio de su oficio.

En fin, como siempre la Iglesia nos manda sus mensajes "verdaderos", ejemplos de intelectualidad, igualdad, libertad y lo que les dé la gana. Vamos que la tierra vuelve a ser plana y a ti te encontré en la calle.

Salud y República

5 comentarios:

Naveganterojo dijo...

Hemos coincidido en la entrada dedicandosela a otra de las mentiras descaradas de estos individuos.
¿No se les caera la cara de verguenza?.
Salud y republica

Gracchus Babeuf dijo...

Y el culpable del agujero de la capa de ozono es el incienso del botafumeiro, ¡no te jode!

Antonio Rodriguez dijo...

Tanta preocupación por la ciencia, les podria llevar a revisar su retrógrada teoria del creacionismo.
O como consecuencia de esos sesudos estudios dejar de invertir en las principales compañias de anticonceptivos como vienen haciendo hasta ahora.
Pero ya sabemos que una cosa es predicar y otra dar trigo.
Salud, República y Socialismo

__MARÍA__ dijo...

Pos no lo sabe ya...

Adanero dijo...

El trigo ese del que habla el señor Rodríguez seguro que ha sufrido alguna mutación transgénica por culpa de la píldora anticonceptiva. Mucho cuidadín con el trigo que damos, que luego pasa lo que pasa. Que ni el pan es lo que era. A mí últimamente me sabe a hostias (con perdón).

Un saludo.