06 marzo 2020

El PP entre Aznar y Vox


Criticábamos a Rajoy como si el PP que defendía fuera extremista. Basta que hayan pasado un par de años para darnos cuenta de que todo se puede superar, incluso la soberbia y la cercanía al ultraderechismo. Hoy el PP, gracias a su actual camino, ha revivido al presidente de la guerra –Aznar-- y a la extrema derecha, representada por Vox.

Lo grave no es que hayan despertado los sectores más conservadores, sino que además el PP quiere imitarlos y se olvida de los mínimos valores de un partido que así mismo se denomina constitucionalista –¡qué ironía!-- y tacha a toda la izquierda de estar fuera de la Constitución.

No es que nos haya sorprendido, todos recordábamos a Aznar y su derechismo retorcido –eso sí, defensor a ultranza de la España cañí, al mismo tiempo que llamaba a ETA: Movimiento de Liberación Nacional del País Vasco--. Hay muchos ejemplos, que denotan el camino hacia la extrema derecha del PP, basta con ver sus constantes declaraciones y actuaciones.

El máximo responsable es Pablo Casado, que con sus constantes actuaciones y con su camarilla pelotillera (entre otros: García Ojea, Díaz Ayuso y Álvarez de Toledo) tiene un fin claro, y es tratar de conseguir los electores de Vox. Lo que le ha provocado una pérdida del centro derecha sin conseguir restarle (al revés) electores a ese partido ultra y xenófobo. Basta ver los últimos sondeos, donde Vox crece y el PP baja.

El PP actual se ha instalado en la bronca diaria y ha decidido que el diálogo no es un método de hacer política. Y así lo demostró Casado, en su reunión con Sánchez en la Moncloa, donde no es que no hubiera acuerdo, sino que el líder pepero puso un precio a su colaboración, imposible de pagar, puesto que le pidió al presidente, ni más ni menos, que su política estuviera guiada por el programa del PP. Y se quedó tan Pancho.

Sí, no es que no quisiera dialogar, es que, simplemente pretendía que para negociar cuestiones que no deberían tener precio (la composición del CGPJ o del Consejo de Administración de RTVE, el Tribunal de Cuentas o el Defensor del Pueblo), el PSOE fuera un instrumento político del PP.

Por ejemplo, le pidió que rompiera la mesa con los el gobierno catalán. Eso sí, sin dar ninguna alternativa, salvo otro 155 o cualquier otra medida coercitiva. Ninguna medida política sino punitiva, como si creyera algo imposible, hacer desaparecer a todos los catalanes independentistas, por arte de birlibirloque, o meter a más de dos millones de catalanes en la cárcel.

Y además, le pidió que redujera impuestos –eso sí, sin decir cómo se puede pagar el Estado de Bienestar--, y que no modificara la reforma laboral, o sea que se siguiera con una precariedad insoportable o que se pudiera seguir despidiendo a los trabajadores enfermos de forma procedente, entre otras lindezas.

Y como principio, que rompiera con el acuerdo de Unidas Podemos, que según estos peperos son unos anticonstitucionales y unos extremistas populistas de aquí te espero. Sin embargo, Vox es un partido que debe apoyar gobiernos ‘democráticos’ en CC.AA. y en municipios

La dureza está siendo el quid de su política, el boicot, obstaculizar cualquier acción de gobierno. Cada acción está demostrando hasta dónde quieren llegar. Por ejemplo, en el País Vasco se han cargado a un pepero como Alfonso Alonso o han hecho dimitir a Borja Semper, dos militantes de alto grado, que a diferencia de la cúpula actual, han demostrado ser gente civilizada. El colmo de esta operación de desmantelamiento ha sido colocar en la cima del PP vasco a Carlos Iturgáiz, una momia que han resucitado y que demuestra la fuerza de Aznar, en esta nueva etapa.

No quisiera olvidarme de un personaje penoso que demuestra cuál es la senda pepera de Casado. Hablo de su portavoz en el Congreso: Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta Ramos, XIIIª marquesa de Casa Fuerte. Una mujer que probablemente está demasiada cargada por apellidos excelsos, cargos aristocráticos y tres nacionalidades, una mixtura con la que pretende mostrar su ‘superioridad’ a cualquier oponente político. Su provocación y su odio es constante. Insultona, barriobajera, mentirosa, altiva, vanidosa. Cada vez que abre la boca lo hace con desprecio y con odio al oponente, para ella enemigo recalcitrante. Otra que nos hace añorar, y ya es decir, al anterior portavoz, el hoy defenestrado senador Hernando.

En fin, la cosa parece clara. Hacen la competencia a Vox siguiendo la pauta aznarista provocando una legislatura bronca, dura y sin diálogo. Y lo que es más grave, están haciendo que con esta política el beneficiado sea Vox, ese partido franquista, xenófobo y homófobo que tanto les ayuda en diversos gobierno.

Nosotros a lo nuestro. Este gobierno debe seguir llevando adelante su programa, evitando errores tontos, y a sabiendas de que la jauría de enfrente sólo ladra porque cabalgamos.

Salud y República

05 febrero 2020

Ortega: ‘Franco-tirador de primera’


No es ninguna sorpresa. Que al secretario general de Vox le gustan las armas más que a un tonto un lápiz, que es más chulo que un ocho, que sus mentiras y sus actos macarrónicos son constantes, que le encantaría volver al nacional-catolicismo y que su falangismo y su patrioterismo son sus ideales, es algo bien sabido. Basta ver su corto recorrido para encontrar su semilla ideológica.


Y es que hemos terminado de entender lo que es un francotirador. Basta poner un guion: Franco-tirador. Ahora queda más claro que nunca lo que es este individuo.

Él, chulesco y macarra, –como corresponde a un personajillo de esta índole--, no sólo actúa con una impunidad y provocación notoria, sino que además es un divulgador y un exhibicionista total de sus actuaciones. No se conforma con actuar de forma indecorosa y machirula, sino que además despliega sus actitudes provocativas por las redes, encantado de haberse conocido.

La historia viene de hace pocos días. Este ‘buen hombre’, cuyo amor a las armas no niega, se ha filmografiado disparando con un fusil de asalto en un campo de tiro militar, rodeado de algunos de sus amigos milicos. Algo inédito y que demuestra su personalidad obsesiva por las armas.

Desde luego, la cuestión merece una explicación, porque en este miserable acto hay irregularidades gruesas que indican la comisión de uno o varios delitos. En primer lugar, utiliza un arma de guerra, cuando sólo tiene licencia para usar pistola o revolver. Además, utiliza un campo de tiro militar, algo prohibido para civiles. Tampoco llevaba la vestimenta adecuada, puesto que se requiere llevar casco y chaleco por seguridad. Y, que se sepa, no había, como está previsto, ninguna ambulancia ni equipo médico.

Está claro que este tipejo se cree por encima de la ley. Su impunidad arrogante le traiciona una vez más y le lleva más allá de lo que se puede y debe hacerse, más si consideramos que es un cargo público (dos: concejal y diputado) cuya ejemplaridad debería ser su premisa principal.

Ya veremos si esta impunidad, ante las denuncias presentadas, se constata. Algo que no me extrañaría, vista la arrogancia del individuo y su impudor ante las ilegalidades.

Pero es que el personaje es así. No hay nada que hacer. Recordamos que en un acto de patrioterismo exhibicionista más, fue nadando a Gibraltar –tiene una orden de captura del gobierno del Peñón-- para colocar una bandera española y montar un circo mediático.

Sus mentiras son constantes, una de ellas –la que me ha producido más asco y dolor-- ha sido la de insultar a las Trece Rosas, aquellas muchachas que murieron fusiladas en 1939 sólo por el hecho de ser de las Juventudes Socialistas Unificadas, a las que este canalla llamó violadoras y torturadoras, confundiendo de forma deliberada y deleznable el sujeto del delito, y falseando la historia, algo en lo que parece un experto.

En fin, un personaje digno de un cómic tremendista de hace ochenta años. Quién sabe si estaría dispuesto a dar un golpe de Estado ayudado por esos militares amiguetes que le acompañaban en el campo de tiro. Éste es Ortega Smith, un político fascista indigno, capaz de cualquier cosa por hacernos revivir su siglo veinte dorado, cuyas mentiras y actuaciones le delatan como lo que es: un franquista redomado.

Salud y República

05 enero 2020

¡Ladran, luego cabalgamos!


Hay que ver cómo está el patio. El patio del Congreso. Jaurías gritando, insultando, acechando a su presa. Y no, su presa no son sólo Esquerra Republicana o Bildu. Justifican así, con desvergüenza, su postura abrupta e inflexible, pero la realidad es otra más compleja, a la ‘unidad irrenunciable de su España’ se suma su odio a un gobierno de coalición progresista que puede revertir el rumbo injusto y sectario que han impuesto desde 2011.

La derecha y la ultraderecha, hoy más ultramontanas que nunca, no saben qué hacer para poner más obstáculos a este probable gobierno que está a punto de germinar. Los tres grupos son iguales, tanto monta Abascal como Casado, y montada en un poni (camino de la extinción) Inés Arrimada.

Había que escucharles esta mañana (4 de enero), y ayer. A Sánchez le han llamado de todo. Mentiras, desvergüenzas, insultos, exabruptos, pataleos y griteríos han hecho del Congreso un circo donde más que payasos había animales salvajes y serpientes venenosas emponzoñando el hemiciclo. Tampoco se han ido de vacío, Mertxe Azpurua, Rufián o Iglesias. Desde traidores a golpistas pasando por felones, infames, asesinos o vendepatrias, entre otras menudencias.

Esto es todo lo que saben hacer. Han perdido cinco elecciones el año pasado y no lo pueden soportar, les supera que los ciudadanos no les voten ‘como ellos merecen’. Ven, por otro lado, que se abre un diálogo con los independentistas catalanes y se les abre las carne. Ya sabemos cuáles son sus soluciones, judicialización, represión y palo y tente tieso. Porque ellos son los únicos que pueden ganar y si no ocurre, aunque utilicen instituciones, medios de comunicación fascistoides, fuerzas vivas, grupos de presión, multinacionales o la misma Iglesia, el sistema falla. Si no ganan, los ciudadanos –algo irrelevante para ellos cuando pierden elecciones-- tienen la culpa.

Ellos son así, no hay nada que hacer. Por eso, porque la cosa no tiene remedio, porque con ellos es imposible el diálogo: hay que caminar. Partimos de una isla y hay que cruzar el charco, hasta llegar a la costa de la Igualdad, de la Solidaridad, de la Democracia, de la Plurinacionalidad. Ello conllevará críticas salvajes, insultos, utilización torticera de instituciones judiciales, manifestaciones en la calle, tretas espurias de todo tipo. Ese charco lleno de ponzoña, hará que nos tengamos que taparnos las narices y los oídos, pero hay que llegar al otro lado. Al lugar donde esperan jubilados, dependientes, trabajadores en precario y/o con sueldos mínimos, desahuciados, inmigrantes etc. Al lugar donde se puede remediar el conflicto político catalán. Y habrá que sortear obstáculos que encontraremos en esa ciénaga: grupos de presión, Iglesia, fuerzas vivas, CEOE, instituciones amaestradas, muchos medios de comunicación, etc. Pero hay que seguir.

Hay que demostrar que otra política es posible, que no nos van a intimidar, que el poder democrático debe de estar por encima de los otros poderes, que estamos con los que más lo necesitan. Ese es el camino, sin parar, apartando serpientes venenosas y jaurías de hienas.

Vamos a tener la ocasión de demostrarlo, que la cobardía no lo impida, que el coraje nos acompañe, que seamos capaces de encontrar fórmulas para implantar lo que queremos: un mundo mejor y un país donde encontremos acomodo todos. Un mundo donde la separación entre poderosos y débiles sea mucho menor, donde el recibo de la luz no oscile a capricho de las multinacionales energéticas, donde el alquiler de las viviendas no suba sin parar y expulse a la calle a la gente. Y dónde el conflicto catalán pueda ver la luz al final del túnel.

Y no, no tengamos miedo de subir los impuestos a los poderosos, ellos son los que menos pagan si lo comparamos con otros países de nuestro entorno. Las grandes empresas, las clases pudientes tiene que pagar más y recibir menos beneficios y subvenciones públicas. Por cierto, la Iglesia ha de devolver esas inmatriculaciones vergonzosas y pagar el IVA, que ya está bien de chupar del bote.

Se puede y se debe llegar a un acuerdo que satisfaga a toda la sociedad catalana. Hay que encontrar acomodo para todos, sin sobresaltos, con tranquilidad, utilizando lo que siempre debió emplearse: el diálogo.

Hay que conseguirlo. Si no, probablemente no habrá otra ocasión en mucho tiempo. Y si ladran que ladren, lo nuestro ha de ser cabalgar sin parar.

A ver si los Magos de Oriente nos ayudan

Salud y República (y feliz 2020 progresista)