09 noviembre 2018

¡Qué mierda de Justicia!


Sí. El asunto de las hipotecas ha sido el detonante definitivo. Una verdadera vergüenza perpetrada por incompetentes e influenciables juececillos, que siempre juegan a su mejor postor. Pero, sin duda, son más, muchos más los rotundos fallos de la justicia española.

Es verdad que hay cientos de jueces que seguramente cumplen con su función, no siempre fácil, pero también lo es que hay otros casos que han antecedido a la cuestión de las hipotecas y que demuestran, junto con ese caso, que la justicia española deja mucho que desear.

Por citar algunos casos, el del juez Ricardo González que en su voto particular acusaba a la víctima de La Manada y defendía inexplicablemente a los miembros de este grupo violador. Demostrando que entre los jueces hay energúmenos capaces de anteponer su asqueroso machismo al sentido común, sin que por ello tengan ningún tipo de crítica dentro las instituciones judiciales.

Recordemos la persistente insistencia en encontrar una violencia que no existió y acusar de rebelión a los políticos y líderes sociales de Cataluña. Empeñados, desde el fiscal a los jueces del supremo tratan de imponer criterios falsos a hechos conocidos.

Y qué decir del repaso que desde Europa le están dando a nuestro ‘querida’ cúpula judicial. Tanto desde Alemania, como desde Bruselas o Zurich, los jueces encargados de las causas del procès están refutando las acusaciones de rebelión con la que se trata de conseguir extraditar a los encausados.

Lo último es el caso de Arnaldo Otegui, al que desde el Tribunal de Estrasburgo le han dado la razón y han sentenciado que su juicio es nulo por injusto, algo que haría ruborizarse al más ‘pintao’, y que sin embargo no es sino otro signo de cómo funciona la justicia en nuestro país.

En fin, dislate tras dislate, error tras error, abusos judiciales, arbitrios partidistas hacen que nuestra Justicia haya perdido toda la autoridad moral y la confianza necesaria, y que se muestre como un poder caprichoso que se vence del lado del poderoso.

La justicia está politizada. Y el resultado lo estamos viendo. En un momento de mayoría absoluta, el PP (antes lo hizo el PSOE) ha copado la mayoría de los puestos del Consejo Superior del Poder Judicial que es quién se encarga en dirigir la justicia en España y nombrar a los miembros del Tribunal Supremo. De otro lado, el fiscal general nombrado por el gobierno hace que las decisiones que toma estén sesgadas por su signo ideológico.


Si la Justicia quiere volver a obtener esa confianza, que los ciudadanos no la dispensan, deben empezar con la dimisión de Lesmes y Díez Picazo. Autores, aunque no únicos, del desbarajuste injusto que han propiciado en el caso de la hipotecas.

Sin embargo, no es suficiente. Hay que reflexionar y reconocer que el gran problema es el nombramiento, apadrinado por los grandes partidos, del CGPJ y de la Fiscalía del Estado, que dirigen la Judicatura de forma tendenciosa y politizada. Por lo que convendría que la elección de los jueces se celebrara sin intervención del ejecutivo y del legislativo. Mientras tanto, no existirá la independencia judicial, puesto que los nombrados se sentirán en deuda con los partidos que les han nominado.

Salud y República

P.D. Por cierto, mañana a las 18.00 horas, en Madrid, concentración ante el Tribunal Supremo

06 noviembre 2018

La Iglesia y Francisco siguen en el Paleolítico


Parecía que cambiaría a la Iglesia. Un Papa progresista, decían muchos. Sólo escucharle traía aíres nuevos. Francisco entró en el Vaticano y parecía que se comería el mundo. Sin embargo, todo sigue igual. El mundo se lo ha comido a él.

Sí, o el mundo de la curia ha podido con Francisco, o simplemente engañaba cuando hablaba. En los últimos días la prueba ha sido clara y palpable. Después de varios años de soltar frases bonitas, con vientos de cambio, se ha soltado la melena y se ha quitado la careta.

Nada ha cambiado, al menos nada importante. Salvo los mensajes esperanzadores que se han quedado en nada. Porque cuando Francisco ha tenido que dejar clara sus opiniones lo ha hecho. Para él, abortar no tiene que ver con el derecho de las mujeres, es lo mismo que pagar a un sicario para resolver un problema. Es necesario recordar la definición de sicario de la RAE: ‘Asesino asalariado’. La verdad es que no sé si llama asesino al médico que lo practica o a la madre que lo sufre, o a los dos.

Y no se ha quedado ahí. Días después ha declarado que el cuerpo humano no es un instrumento y que la lujuria no cabe en el amor. Y ha llamado inmaduro al lujurioso o al infiel. Algo que ya decía el Cardenal Segura hace noventa años.

Eso sí, sobre el problema de la pederastia en la Iglesia, a pesar de haberlo condenado de forma contundente, ha mostrado una indulgencia clara con los acusados, a los que, como mucho, les ha cambiado de parroquia, o les ha apartado temporalmente de sus oficios, siempre dentro de la Iglesia, obstaculizando la labor de la justicia civil. Está claro que la lujuria de los curas pedófilos es comprensible y perdonable, mientras que la de los seglares es condenable.

Mientras tanto, en este país más papista que el Papa, la Iglesia:

·        Sigue acumulando miles de inmatriculaciones –algo así como el robo del siglo (eso sí, legal gracias a Aznar).
·        Sus mujeres –las monjas— siguen discriminadas y actúan como asistentas de los párrocos y obispos, cosiendo casullas y fabricando pastelitos, sin que se haya dado ni un solo paso en la igualdad de género.
·        En aras de un acuerdo caduco y trasnochado que ningún gobierno se ha atrevido a cambiar, sigue recibiendo subvenciones y dinero público a mansalva (según Europa Laica: 11.000 millones de euros anuales).
·        Juega un importantísimo papel en la educación pública, con su asignatura de Religión, gestionada por la misma Iglesia, eso sí, pagada con dinero público.
·        No paga impuestos: el IBI, por ejemplo. No sólo inmatricula activos inmobiliarios de forma arbitraria, sino que además no paga impuestos por ellos.
·        Como institución se adhiere siempre a las decisiones que benefician a los más poderosos (salvo Cáritas, a la que aporta el 5% de su presupuesto, ni más ni menos)
·        Se queda impávida y se hace la tonta, sin mover un dedo, para evitar que un dictador criminal y sanguinario, como Franco, se sepulte en la Catedral de la Almudena.

Claramente, la Iglesia Católica hoy se ha quedado anclada en tiempos de Maricastaña. Su apoyo a regímenes dictatoriales le ha dejado con un ADN tocado, que le hace actuar de forma injusta e inmutable, propia del pasado. Trata de influir en las decisiones políticas, en su propio beneficio, aunque esto suponga una actitud insolidaria y egoísta. Su máximo jerifalte no ha cambiado nada a pesar de sus palabras, sus promesas y sus proyectos. El vacío y la caspa lo ocupan todo. Y es que la Curia Vaticana es mucha curia, y Francisco habla demasiado.

Salud y República

Les adjunto unas viñetas del gran Manel Fontdevilla que hablan por sí solas: