Ya saben ustedes lo que presumen estos peperos de que su España, la que ellos desean, la heredera del franquismo y con la que quieren volverse a encontrar, es una, única, centralista, organizada desde el centro y para el centro, desde donde se rige la vida de todo el país.
De ahí, su acentuado rechazo a los nacionalismos. Yo que soy federalista me parece un error que en un país plural se trate de pasar una tabla rasa para homogeneizarlo. Error garrafal. Pero, es todavía más grave ir por el mundo como lo hace el PP. Esencia de la unicidad de España. Castigo de otras culturas y otras lenguas. Inquisidores de formas distintas de ver este país. Y sin embargo, contradecirse en la práctica.
Porque, si se organizan de forma centralista, no debería ocurrir que las ovejas se desmanden, ya que estaríamos poniendo en solfa la labor del pastor.
Sólo la debilidad puede hacer que en un partido donde se quiere imponer la línea única desde la casa central, se le rebelen las sucursales. Porque sucursales de Madrid son para el PP, los hijos peperos que tiene por las distintas autonomías. Y lo lógico sería que, dentro de sus premisas centralistas y autoritarias, se pusieran firmes a la voz de ¡ar! de Génova.
Pero no, no es así. Y bien que les duele, Esa contradicción se manifesta hoy más que nunca. Con Aznar no ocurría, ya se sabe que el pequeño dictador cortaba de raíz todo movimiento contrario a su credo.
Hoy ante aquella línea dictatorial, el aznarismo, se ha impuesto la línea de los reinos de taifas, contraria a la filosofía pepera. Y basten varios ejemplos para demostrar que los barones andan revueltos:
Valencia, ¡ay, Valencia! Este coto de votos del PP, donde a pesar de los zaplanistas y fabristas reinaba una conexión perfecta con Génova. Hoy, después de lo acaecido con la operación Gürtel, la cosa está que arde. El enfrentamiento entre Camps y Rajoy ha sido claro y directo, y ha tirado por la borda toda la confianza que podía existir. Hoy parece que Génova busca sustituto a Camps, si se deja, claro.
Euskadi. Ese feudo que era el más duro del partido, hoy ha plantado cara a Génova. El tal Basagoiti, heredero de la princesa de hierro, San Gil, ha hablado clarito a los jefes de Génova. Tres de sus diputados se ausentaron de la votación para no votar (como hicieron sus otros compañeros peperos) contra el Concierto Económico en el Congreso de diputados. Además de haberse opuesto antes a la praxis de Rajoy, de soportar hasta el último momento, la vergüenza del caso Gürtel.
Madrid. Qué decir de la autonomía de la lideresa. Con su ambición, sus ganas de poder y su actitud chulesca, fue la primera en echar un pulso a Rajoy, habiendo mantenido las espadas en alto. Sigue esperando la ocasión de que Mariano se vuelva de espaldas para clavarle el puñal. Las relaciones entre la dirección nacional y el partido en Madrid deja mucho que desear. Espe-rancia sabe que todavía tiene posibilidades de asaltar el palacio de Génova y está esperando su oportunidad.
Cataluña. Hoy es noticia. Montserrat Nebreda, peso pesado del PP catalán se va del partido y dice que en un libro que está a punto de presentar va a poner patas arriba al PP catalán. A lo que podemos añadir aquello que escribió Sirera en un SMS: “este partido es una mierda”. Recordemos que Daniel Sirera era el anterior presidente del partido en Cataluña.
En fin, cuatro ejemplos de que el centralismo pepero está fallando. Dos son las causas, a mi modo de ver. La primera la debilidad del líder. Un líder contestado desde el primer momento, puesto a dedo, elegido después en circunstancias difíciles y que ha perdido ya, dos elecciones generales. Un líder que no sabe tomar las decisiones a tiempo y que entiende que esperar a que escampe es la mejor manera para que se arreglen los problemas.
La otra causa es que este país es plural e intentar hacer de él, un país homogéneo sólo es posible cuando se impone dictatorialmente. Todos recordamos cuando España ha sido una. Y todos sabemos cómo el Partido Popular ha sido uno, o con Fraga, o con Aznar, dos líderes totalitarios. Se trata de coordinar y no de imponer esas diferencias. Algo ajeno a los líderes autoritarios, pero también a Rajoy, cuya extrema debilidad le hace esconderse de los constantes vendavales, en vez de hacerles frente con determinación. El otro día, Iñaki Gabilondo pronunciaba una frase muy certera: Si Rajoy no puede con su partido, como va a poder con España.
Y es que, en Génova se viven malos tiempos, momentos contradictorios. Todos quieren que el PP sea uno, y cuando abren la ventana y miran al exterior, se encuentran con la cruda realidad. Los virreinatos o los reinos de taifas imperan también en el Partido Popular. Y es que la realidad se impone y su España ya no es lo que les gustaría que fuera. Afortunadamente.
Salud y República