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27 marzo 2016

Semana Nacional-Católica, más que Santa

Hablar de la Iglesia católica en España es hablar de una Iglesia que ha heredado y actúa como si estuviera viviendo hace cincuenta años, en un régimen totalitario, en un Estado Nacional-Católico.

Ellos son así, incapaces de comprender que el tiempo pasa, que los beneficios que obtenían en tiempos de la dictadura no se pueden perpetuar. Siempre han ido muy por detrás de la sociedad, pero digamos también que todo esto ha sido posible porque se les ha cubierto y beneficiado políticamente, incluso por aquellos que dicen desear un Estado Laico, y que sin embargo, son más papistas que el Papa, eso sí, tratan de disimular.

Y es que en la Iglesia no se ha producido ningún cambio, en primer lugar porque es manifiestamente una institución retrógrada e insolidaria con los que no son católicos, pero también, y en gran parte porque ha sido apoyada por gobiernos y gran parte de la oposición política de este país.

No olvidemos que unos gobiernos, los socialistas, apenas les han hecho cambiar y han sido incapaces de denunciar los Convenios con la Santa Sede o de cortar el grifo de las subvenciones, es más aumentaron el porcentaje del IRPF dirigido a la Iglesia. Y qué decir de los gobiernos de derecha. Estos no sólo han mantenido sus privilegios sino que los han aumentado. Recordemos como ejemplo, la ley de 1998 que les ha permitido aumentar sus inmuebles, regalo que el Sr. Aznar les otorgó y que ha permitido por ejemplo que la Mezquita de Córdoba, hoy sea propiedad e la Iglesia Católica por arte de birlibirloque. Por no hablar de lo jacarandoso y rocambolesco que es solicitar la ayuda de vírgenes o santos para solucionar problemas políticos, o de homenajear y condecorar a vírgenes o santos por el hecho de ser quienes son.

Son innumerables los hechos que demuestran los grandes beneficios que obtiene de este Estado, llamado aconfesional, que hacen de este país un Estado católico más que laico.

Europa Laica lo explica muy bien. Se calcula que, además de los beneficios de otro tipo, los económicos suman un total de 11.000 millones de euros al año. Recursos que dejan de destinarse a otras necesidades para pagar profesores de religión que eligen los obispos, para subvencionar asociaciones católicas, estar exentos de pagar el IBI en sus inmuebles y el IVA, y otras zarandajas que les permite ahorrarse esa cantidad ingente.

Quién me conoce lo sabe, respeto que a titulo personal cada uno tenga sus ideas, el campo privado pertenece a cada cual, por lo tanto no estoy en contra de las religiones, aunque no sea religioso. De lo que si difiero enérgicamente es de que alguna religión –en nuestro caso, la Católica— se subvencione con dinero público, o sea también con mi dinero, y de que disponga de atribuciones que le confieren un poder civil que no deberían detentar, pues en el Estado Laico que deseo, la religión es un hecho personal, privado y al margen de la sociedad civil.

La llamada Semana Santa demuestra la tesis del poder que tiene la religión católica en nuestro país. Por ejemplo, las subvenciones que reciben las distintas cofradías para sus actos procesionales. Es entendible que se den facilidades para la realización de una procesión, por ser un espectáculo al público, por ejemplo, el cierre de calles al tráfico, una dotación policial que garantice el orden, etc. Sin embargo es impresentable que se su subvenciones, con dinero público, trajes de santos o vírgenes, comidas de hermandad y tantos otros gastos que deberían soportar los propios miembros de las Hermandades o la Iglesia.

Y el aspecto económico no es el único caso. Hay otro muy singular, imposible de entender; y es la concesión de indultos a petición de distintas Hermandades. O sea que el gobierno, todos los años, indulta a presos (este año a trece) sugeridos por las asociaciones religiosas. ¿No es un desatino? ¿Hasta qué punto una asociación religiosa puede intervenir en la administración de Justicia? ¿Por qué persiste esta costumbre ancestral que le confiere a la Iglesia un poder terrenal que no debería tener?

No soy partidario de los indultos, puesto que son medidas de gracia que se conceden aleatoriamente y pueden intervenir aspectos ajenos a los méritos del reo, pero si existen no debe ser ninguna asociación religiosa quien los sugiera y los prescriba. Entre otras cosas porque se hace en aras de unos sentimientos y creencias religiosas que no deben intervenir en los poderes civiles.

Esto es lo que convierte a nuestra Semana Santa en una Semana Nacional-Católica, donde lo religioso y lo civil se confunden para unificarse y propiciar un sentido religioso de la vida civil. Algo que nos asemeja a países islamistas o al Estado totalitario que durante cuarenta años gobernó este país el siglo pasado.

Cada día es más necesario un Estado verdaderamente Laico. Todo lo demás, es herencia ancestral, argucias antidemocráticas y jugar con ventaja.

Salud y República

17 abril 2014

Los indultos y la Semana Santa

¡Qué maravilla! ¡Qué placer! Nos encontramos en plena Semana Santa. Y nuestras calles se llenarán de nazarenos, pasos, velos, mantillas, cadenas y saetas. Y al frente de ellos siempre irá el político de turno, ese que de darse golpe de pechos tiene la caja torácica más hundida que el Titanic.

Y no me entiendan ustedes mal. Los católicos, faltaría más, tienen derecho a reunirse, a manifestarse, a cultivar su religión y a celebrar sus fiestas. Eso sí, todo se debe hacer ‘comme il faut’, o sea como dios manda, y nunca mejor dicho. Porque recordarán ustedes que el buen dios dijo aquello de: Al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios. Pues eso, las celebraciones religiosas deben darse al margen del Estado. Recordemos que nuestra Carta Magna habla de aconfesionalidad. Por lo tanto, los que participen que lo hagan como cualquier ciudadano de a pie, sin publicidad, sin alharacas, con discreción.

Y ahí es donde entra la crítica. A mí, francamente, que el Sr. Trillo se vista de nazareno o que la Sra. Cospedal saque su mantilla y su peineta a pasear me la trae al pairo. Otra cosa es que ellos mismos se encarguen de publicitar con ayuda de sus medios afines que el embajador español en Londres o que la presidenta de Castilla-La Mancha encabezan tal o cual procesión como debe hacer un “buen servidor del Estado”. O sea tratar, como es su costumbre, de intentar identificar el Catolicismo con el Estado. Total, seguir defendiendo el Nacional-Catolicismo de tan infausta memoria.

Porque claro, aquí se mezcla el Estado y la Religión, y encima los gastos corren a cargo del contribuyente y ahí están los Rouco y demás jerifaltes católicos frotándose las manos y participando en ritos que pagamos todos, compartamos o no sus creencias.

Y por si fuera poco, además, para celebrar esta semana de pasión, se otorgan indultos a presos convictos, a petición de las diversas Hermandades y Cofradías católicas que participan en los actos de la Semana.

A mí, que los indultos me parecen algo arcaico y reaccionario, si encima los mezclan con la fe y la religión, me parece que se produce un cóctel molotov troglodita, incapaz de pasar cualquier filtro democrático.

Ya de por sí, los indultos son una alteración del Estado de derecho, de la democracia, puesto que significa la injerencia injustificada del poder ejecutivo sobre el judicial –qué diría Montesquieu si levantara la cabeza—, si además le añadimos el componente católico es para llorar.

Indultos Semana Santa

Total que a un preso convicto, con sentencia firme, con todos los recursos judiciales agotados, va un ministrillo y por el artículo 33, o sea porque le sale de ahí, le indulta y se pasa por su forro las decisiones del poder judicial. Si encima esto además viene porque en nombre de una religión alguien pide esos indultos, la cosa ya es de juzgado de guardia.

Este año el Faraón Gallardón ya ha concedido, a petición religiosa, 29 indultos. O sea 29 decisiones judiciales revocadas. Y además, para colmo, entre ellas está la de un director de banco que se apropió de 30.000 euros de uno de sus clientes.

En fin, se conceden indultos –yendo contra los principios democráticos—, a petición de organizaciones religiosas –saltándose la aconfesionalidad del Estado—, y además se hace de forma indiscriminada –indultando a un señor que ha robado a sus clientes—. ¿Hay quien dé más? Seguro que sí, basta esperar el siguiente capítulo, porque lo que no cabe duda es que cada día este gobierno se supera llegando a hacer válida aquella premisa circense del “más difícil todavía”.

Salud y República