26 junio 2018
¿Dónde están los militantes del PP?
03 febrero 2016
Ya sabemos para qué sirve el Senado
13 abril 2015
Yo no soy un ser humano normal
Nuestro gran pope, líder indiscutible de las Españas Imperiales, queridísimo y carismático Mariano, ha separado a los españoles en ‘seres humanos normales’ y el resto, al que podríamos nominar como bazofia, gentuza, morralla.
La línea de división es fina, lógica e inteligentísima. Por un lado están los ‘seres humanos normales’: los que votan al PP. Por el otro, estamos el resto, gente rencorosa, desagradecida, extemporánea.
Yo ya tenía dudas de ser un ser humano, con que, además, lo de ser normal, me parece excesivo. Y ¿por qué, se preguntará algún lector, yo no soy un ‘ser humano normal’? La cosa está clara, más clara que el caldo de un asilo, y debo ser un inconsciente puesto que creo que estoy contento con no ser un ‘ser humano normal’.
Se ve que entre ‘los seres humanos normales’ los hay que reciben sobres extras que no tributan a Hacienda, algunos tienen cuentas en Suiza u otros paraísos fiscales. Otros politiquean para obtener su propio beneficio. Unos cuantos montan redes mafiosas de influencias que les vuelven ricos de la noche a la mañana. Unos pocos más, han sabido rodearse de corruptos que les han servido bien. Y todo ello, sin rencor, sin matar una mosca y con la mayor naturalidad del mundo.
Miren ustedes, yo he tenido una educación deficiente, fruto de tiempos nacional-católicos, pero nunca, ni en mi casa ni en la escuela --y mira que me enseñaron cosas raras en la escuela— nadie me enseño a robar, nunca me dijeron que ser patriota era tener millones en Andorra o en las Islas Feroe, nunca me dijeron cómo había que enriquecerse con engaños, favores bien pagados o metiendo la mano en la caja pública, en un pispás.
Así es que me temo que no entro en el grupo de los ‘seres humanos normales’. Me basta, y lo digo sin presumir, con pertenecer a los seres humanos decentes que se ve que no es lo mismo. Los seres humanos decentes no votamos a los que roban, no votamos a los que se cargan la sanidad y la educación pública, a los que han eliminado la poca protección que tenían los dependientes. Ni votamos a los monaguillos de los poderosos (me refiero a los correveidiles de la Merkel y Cía), ni a los que dejan que haya millón y medio de niños que pasan hambre, ni a los que permiten desahucios mientras venden pisos de propiedad pública a fondos buitres. .
Por todo ello, y por mucho más –que no acabaría nunca—, he decidido no estar entre los ‘seres humanos normales’: los que votan al PP. Es más, estoy decidido a hacer todo lo posible y luchar para evitar que los ‘seres humanos normales’ vuelvan a jodernos la vida. Que ya han demostrado su esencia, su normalidad y su humanidad durante los últimos años.
Y no, no me van a convencer. Podré tener dudas en muchas cosas, pero hay algo en lo que tengo absoluta certeza: El PP es un partido que gobierna para los ‘seres humanos normales’, y yo sólo soy decente. Por eso, no les votaré nunca, porque valiéndose de mentiras y habiendo cometido todo tipo de tropelías, en vez de pedir perdón, en vez de dimitir cuando se les ha pillado con el carrito del helado, van y se autodenominan ‘seres humanos normales’.
Pues que lo tengan bien claro, quien vote a esos ‘seres humanos normales’ se está corresponsabilizando con sus métodos, sus decisiones, sus tropelías. Que no vengan con cuentos, que ya los conocemos. Basta ya de ingenuidad, quien vota a un ladrón no tiene ni disculpa ni perdón.
Salud y República
22 noviembre 2011
Elecciones en Rivas y el voto blanco y nulo del Senado
El primero es el resultado de las elecciones generales en Rivas Vaciamadrid. Este es el cuadro correspondiente:
Votos 2008
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Votos 2011
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% Incr.11/08
| |
PP
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12847 (36,1%)
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14250 (37,3%)
|
+10,9
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PSOE
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16259 (45,7%)
|
10986 (28,8%)
|
-32,4
|
IU
|
3825 (10,8%)
|
6506 (17,0%)
| +70,1 |
Pues bien, lo que quisiera comentar del Senado es que ha habido –yo entre otros— gente que ha hecho campaña por el voto en blanco o el voto nulo, como protesta contra esta institución. Y el resultado, sin ser para tirar cohetes, es esperanzador.
Los votos nulos y en blanco, han pasado del 4,3% en 2008 al 9,1% en este año. Casi un 5% más. Hablamos de un total de casi 2.170,000 electores que han elegido una de estas opciones. Ese porcentaje hace que los votos nulos y en blanco ocupen el tercer lugar, detrás de los dos grandes partidos, y por encima de todos los demás grupos.
Es verdad que los medios, prácticamente, no han hablado de ello. Pero si los partidos no tuvieran esa prepotencia propia de quien tiene la sartén por el mango, tendrían que preguntarse qué pasa para que además de los que se abstienen, haya 2.170.000 votantes que se acercan a votar y depositan un voto nulo o en blanco. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver o, en este caso, no hay peor ciego que el que no le interesa ver.
Esta batalla, que también el 15-M libra, ha de continuar y es la única forma de que la gente se conciencie, esperemos que algunos partidos también, y se termine por cerrar una institución inútil total.
Salud y República
20 noviembre 2011
Hay que votar. Que no nos despojen de nuestra rebeldía
Desde hace treinta años, sabemos que uno de los dos grandes partidos va a ganar, este año además parece más claro que nunca el que lo conseguirá.
También sabemos que la ley electoral beneficia a los grandes y perjudica a los partidos pequeños y que hay que cambiar este bipartidismo imperante. Pero sólo eso se consigue votando.
Hay muchos que apreciamos que se pueda votar. No lo puedo evitar, hoy he salido a las ocho menos cuarto a la calle para ir a un colegio electoral y todavía siento la emoción. Poder votar hoy es algo normal, natural, aunque muchos eligen la opción de no hacerlo, por estar en contra del funcionamiento del sistema. Sin embargo, somos muchos los que sabemos el precio que se ha tenido que pagar por votar y por eso no hemos faltado a ninguno de los comicios.
Porque somos muchos los que sabemos que es un sistema imperfecto, pero también recordamos la España de hace cuarenta años. Y francamente –perdón por el adverbio— no tiene color. Sin ir más lejos, esta entrada de hoy –y la de ayer y la del otro día…— no se podría publicar. La libertad es algo importante y el precio por conseguirla ha sido alto. En este país, muchos muertos. Muchos han sido los que han luchado y caído para que hoy todos podamos votar.
Porque con todos los defectos, este sistema hay que mejorarlo –hay mucho margen— pero es el único sistema, el menos malo de todos los que existen.
Por eso, sólo, con un puñado importante de diputados que quieran perfeccionar esta democracia, que crean que el sistema debe y puede ser más justo y participativo, que se necesita una ley electoral más democrática, que ofrezcan alternativas para salir de la crisis sin que lo paguen los mismos, sólo así, se podrá mejorar lo que tenemos. No hay otra salida.
El movimiento 15-M y la fuerza que ha tomado la calle últimamente son importantísimos, pero tiene que haber quién desde la institución capital, el Congreso, trate de que se aprueben esas reivindicaciones. Si no, la presión se irá desinflando y el tiempo jugará a favor de este sistema tramposo.
Hay que votar, porque no votar es un acto displicente e ineficaz. Se puede votar en blanco, nulo, pero votemos. Lo que sea, pero recordemos que la única forma de cambiar esa democracia imperfecta es con nuestro voto crítico. Todos los otros esfuerzos no canalizados, se pueden perder. Y sería una pena.
Yo voto, y cuando lo hago no se me olvida la emoción con que mi madre volvió a votar, con la que un día, hace ya muchos años, llevé a una señora de ochenta años en un silla de ruedas a votar y con el voto en la mano se puso a llorar. Porque no puedo olvidar lo qué tuvimos que hacer para que hoy todos, todos los que lo deseen, hagan uso del primer derecho democrático: el voto. La posibilidad de elegir.
Que no se parte con igualdad de oportunidades, verdad, Que esta ley está amañada a favor de los dos grandes, desde luego. Pero, si queremos corregirlo no vale escondernos para no votar. Votar es un derecho al que no debemos renunciar. Hagámoslo por los que quisieron hacerlo, lucharon por ello y no han llegado hasta aquí. Hagámoslo con rebeldía, por un mundo mejor. Hagámoslo contra los que consideran que es mejor un sistema autoritario que una democracia (aunque ésta sea imperfecta).
Mañana ya tendremos tiempo de organizarnos y entre todos mejorar esta democracia. En eso debemos comprometernos, pero hoy toca votar. Rebélate.
Salud y República.
14 noviembre 2011
El invento inmoral del voto útil
Nos queda una semana para las elecciones. Una semana donde los grandes partidos nos bombardearán con sus mensajes. Pero la verdad es que el pescado parece vendido.
Ayer y hoy han salido a la luz distintas encuestas, y prácticamente no hay grandes diferencias cuando hablamos de quién va a ganar el partido. Todas dan al PP mayoría absoluta. Todas. Lo que quiere decir que salvo que sucediera algo importante, trascendental, los peperos contarán con mayoría absoluta la legislatura que empieza el próximo lunes.
Y, lo que es tremendo es que gran parte de ese éxito pepero se deberá a la gestión que ha hecho el PSOE y a la crisis internacional. Méritos propios, ninguno. Es más, va a ganar sin haber desempolvado las medidas que van a tomar. Sólo generalidades, sin entrar en detalles, que eso les puede hacer perder votos. La táctica ha sido la del mudito, callado se gana mejor. Y desde luego parece que les va a dar resultados.
Por otro lado, el PSOE anda cabizbajo, sabedor de su derrota, pero intentando minimizarla lo máximo posible. Y una de esas tácticas que tanto le gusta, que tanto repiten es la de recurrir al voto útil. Y ya han empezado a hacerlo.
Es triste, pero real que un voto no valga igual para todos los partidos –ya sabemos que para obtener un diputado en las últimas elecciones, Izquierda Unida necesitó casi medio millón de votos, mientras que al PP o el PSOE le bastaron 67.000 (casi ocho veces menos)—, debido a una ley electoral injusta, incapaz de acercar la premisa democrática por excelencia (una persona = un voto) a la realidad social. Pero lo que es mucho más grave, es que a sabiendas de que esto ocurre, uno de los que no quieren cambiar la ley (el PSOE), por su provecho personal, encima, se regodee y pida que se le vote porque la ley injusta, que no quiere cambiar, le favorece mucho más que a otras opciones, por ejemplo que a Izquierda Unida.
Aunque fuera sólo por la desvergüenza de pedir tal cosa, por la falta de ética de mantener una ley ventajista, pudiendo haberla cambiado, por aprovecharse de su poder y despreciar a las minorías, debería evitar hacer tal petición.
Además hay razones de peso. El PSOE –por mucho que Rubalcaba se empeñe en decir lo contrario— no ha hecho sino la política neoliberal sobre la que el PP sólo tendrá que profundizar. O sea una política económica de derechas. Y nada hace pensar que sea capaz ahora de tomar medidas distintas. El cambio de Rubalcaba, que parece pertenecer a otro partido, no es sino fruto de la convicción de que va a perder y por lo tanto no va a tener que poner en práctica esas “pequeñas medidas progresistas” que ha propuesto.
Además, el único partido, de ámbito estatal, que ha defendido una alternativa diferente, que ha sido capaz de proponer una salida distinta, ha sido Izquierda Unida. Porque sólo Izquierda Unida ha dicho que el déficit no sólo se puede reducir, disminuyendo el sustraendo (gastos) –en nuestro caso además gastos sociales—, sino aumentando el minuendo (ingresos), o sea, haciendo que paguen más quienes más tienen y combatiendo el fraude fiscal (algo que ni de broma se atreve el PSOE a hacer). Por eso que Izquierda Unida tenga un grupo importante en el Congreso es fundamental. Cuántos más diputados se obtengan, más recursos humanos y tiempo se podrá dedicar a dar una alternativa distinta, que no caiga sobre los más débiles.
Por último hay una razón de peso. La más importante. Una razón ética. Cada cual debe votar en conciencia. El voto debe estar por encima de tacticismos. No podemos votar sólo a la contra. Sobre todo cuando hay alguien que puede defender nuestras pretensiones y ha demostrado hacerlo.
El voto útil, además de inmoral, es un camelo. Y al final, quien vota útil, suele arrepentirse. Votemos en conciencia pero que no nos engañen, el voto útil no sirve, esta vez menos que nunca.
Salud y República
07 octubre 2011
Los nuevos senadores tendrán nuevos ordenadores
Lo que se va a gastar es una cantidad de 895.000 euros. La verdad es que cuando se manejan esas cantidades astronómicas, por ejemplo las de las ayudas a los bancos, o las que necesita un país para reflotarlo o las ganancias de una multinacional, esta cantidad es el chocolate el loro.
Pero el análisis no es así como creo que tiene que hacerse. El Senado, lo he escrito en infinidad de veces, no sirve para nada. No tiene poder decisorio y si decide algo contrario al Congreso, éste al final es quien tiene la última palabra. ¿Por qué gastar en algo inútil?
Es más, voy más lejos. ¿Por qué tenemos que mantener una institución que no sirve y que nos cuesta al año muchos millones de euros? ¿Tiene sentido?
El Senado nació como cámara territorial y es incapaz de actuar como tal. Ha de ser el Congreso quien siempre dé su última palabra. Por lo tanto, si no sirve no veo razón para que continúe. Hoy no es sino un “cementerio de elefantes” donde van a acabar viejas glorias políticas o donde se coloca a algunos que no han podido entrar en la Cámara importante. Es una especie de asilo muy bien pagado.
La verdadera utilidad del Senado es la de retrasar las leyes que han de aprobarse. Una ley se aprueba en el Congreso, se pasa al Senado y otra vez vuelve al Congreso que decide definitivamente sobre su aprobación final. Por lo tanto, hoy es sólo un paso que complica y retrasa la aplicación de leyes y que no sirve sino para que doscientos y pico políticos vivan a cuerpo de rey, en plena crisis.
¡Basta! O el Senado cambia su funcionamiento y se convierte en cámara territorial verdadera, o desaparece. Todo lo demás son concesiones a los grandes partidos que ven como mantienen a sus viejas glorias y a otros descolocados en un lugar donde sus prebendas les hacen vivir en una situación paradisiaca.
Si estamos en crisis, si hay que ahorrar, que alguien explique porque mantenemos esta institución, que pasa desapercibida por su inanición e ineficacia.
Creo que ha llegado el momento de decir no al Senado, en estas circunstancias. Y de no alimentarlo más. Por lo que con plena conciencia he decidido votar en blanco al Senado, hasta que cumpla con su misión o lo quiten. Que no nos tomen el pelo. ¿Crisis para quién?
Ya sé que muchos dirán que estoy haciendo demagogia. No lo creo. Lo que no podemos es mantenernos callados ante una institución de piedra y cartón donde se representa un teatro por malos actores sin que la obra sea divertida ni sirva para algo. El Senado lo único que aporta a nuestra democracia es gastos.
¡Conmigo que no cuenten!
Salud y República

