En pleno siglo XXI, todavía muchos de los derechos universales de los niños son conculcados. Sabemos que ante la hipocresía y el poder del primer mundo, todos los años mueren millones de niños en el Tercer Mundo, fruto del hambre, de enfermedades evitables, de guerras fratricidas, de trabajos peligrosos.
Todos son lacras condenables, lacras criminales que deben ser perseguidas. A ellas hay que añadir una importantísima, la relacionada con los abusos sexuales a menores. Constantemente oímos y leemos noticias sobre la pornografía infantil y la pederastia. Pero parece que se trata de un delito que está muy vivo, que todavía por desgracia tiene muchas adictos que pretenden perpetuarlo, contra los que hay que luchar con todas nuestras fuerzas.
La pornografía infantil y la pederastia, hijas de un tronco común, son de los peores delitos que existen. El abuso a menores no sólo es execrable, sino que es de las peores lacras sociales. No es posible entender que todavía haya quien es capaz de someter a un niño a abusos, ultrajes y/o vejaciones sexuales. La persecución de este delito debe ser una prioridad social.
Por eso, hoy junto con miles de blogueros más, quiero gritar fuerte, lo más fuerte que pueda:
¡¡NO A LA PEDERASTIA Y A LA PORNOGRAFÍA INFANTIL!!
Esta semana he seleccionado un artículo sobre un tema cultural: la literatura infantil. Me ha parecido interesante el enfoque por el cual la joven autora, muy conocedora del tema, anima a que los libros a los que se accede en las primeras lecturas, más que obedecer a un intento de soltar moralejas y educar en valores –cosa que no está mal, pero que debe inculcarse desde todas las asignaturas—, obedezca al placer de leer, donde la literatura puede hacer que sea, mucho más valiosa, como fin en sí misma. Esa parece la manera de que un niño encuentre algo más que moralinas en los libros y se inicie con ganas en la lectura.
El artículo vale la pena, da una visión distinta de lo que piensan muchos padre y educadores y su autora Estrella Escriñá lo ha publicado en en Periódico Diagonal:
La literatura infantil a menudo sirve para canalizar las buenas intenciones de los adultos sin cumplir el deseo de niños y niñas de oír y paladear historias. Pero algunos libros como ‘Madre chillona’ o ‘Fernando Furioso’ muestran un enfoque distinto de las historias para los locos bajitos.
Literatura infantil y pedagogía son dos términos que han estado unidos desde la creación de una literatura específica para los niños. El comienzo de este género suele situarse con la publicación de Perrault de Historias y cuentos de tiempos pasados con moraleja (1697). Se pretende con ella crear una literatura que no sólo entretenga a los niños si no que además los eduque en ciertos valores morales.
La situación no ha cambiado demasiado. En nuestro país, el mayor cliente de la literatura infantil sigue siendo la escuela. Esto no hace sino acrecentar la demanda de unos libros que sirvan a los maestros para poder cumplir con esa parte de la programación a la que suele llamarse ‘educación en valores’. Estos textos tienen en muchos casos una dudosa calidad literaria ya que no parten de una genuina vocación de contar una historia sino que su preocupación principal es transmitir un mensaje.
Hay un gran número de padres y profesores empeñados en proveer a los niños de textos que puedan dejarles una enseñanza moral, de forma más o menos explícita, con el convencimiento de que esto cambiará sus actitudes antisociales. La confianza que tienen en el poder de la literatura no deja de ser sorprenderte. Ojalá educáramos sociedades enteras a base de cuentos, pero la cosa no es tan sencilla. Principalmente porque este enfoque olvida la multiplicidad de significados que los textos tienen para cada lector. Si estos adultos escucharan verdaderamente lo que piensan los niños de cada cuento, descubrirían múltiples interpretaciones, en muchos casos contrarias a lo que se pretendía enseñar. Aunque todo esto daría para un debate extenso, lo que parece claro es que tanta insistencia en educar no hace sino alejar a los lectores de la lectura.
Piensen si no en cuántos de nosotros seguiríamos leyendo si las novelas trataran de convencernos constantemente de ser mejores trabajadores, de obedecer más a nuestro jefe y ser siempre más solidarios.
Como decía una niña de siete años en una ocasión hablando sobre si la lectura de Pedro y el lobo les había hecho no mentir más: “Si un lobo de verdad se comiera a un niño, pues a lo mejor no mentíamos más, pero un lobo en un libro...”.
Por suerte, también hay libros con una genuina vocación de contar una historia. Historias de esas que nos atrapan, nos fascinan, nos emocionan... y de las que quizás aprendamos algo, pero de forma casual e inesperada. Hay un tipo de textos que va más allá. En ellos nos encontramos con escritores y editores que no han olvidado su infancia y son capaces de posicionarse en el lugar del niño. Son textos que podríamos denominar ‘subversivos’ y que tienen en común que presentan una mirada crítica frente al mundo y cuestionan la sociedad en la que vivimos. El mundo de la infancia deja así de ser un lugar idílico y muestra lados más oscuros e inquietantes, donde todos los conflictos no siempre terminan felizmente resueltos.
Un ejemplo de esto es el pequeño Fernando, cuya furia no se detiene con las reprimendas familiares y termina provocando un terremoto universal. Además los personajes infantiles se muestran rebeldes, traviesos y no aceptan la autoridad de los adultos. A veces son incontrolables y otras tienen una creatividad que arrastra a los adultos a lugares insospechados.
Así la familia de Esto no puede ser ve cómo la fuerza y la habilidad de su hija pequeña los hace subir a un barco construido por ella para emprender una vida nueva. Los adultos, por su parte, aparecen impotentes e imperfectos y revelan la hipocresía que caracteriza muchos comportamientos sociales. El libro de las mentiras ilustradas cuenta las formas en las que engañamos a los niños mientras a su vez les decimos que no deben mentir.
El punto de vista infantil sirve al autor para tener una mirada crítica con los adultos que rodean a los niños: padres, profesores... y dejan al descubierto el conflicto de poder que existe en el mundo de los adultos.
Aun así, los textos no siempre se caracterizan por tener un tono de denuncia. Por el contrario, las críticas se esconden detrás de la ironía, el humor, el absurdo. Incluso, la estructura cambia para sorprender nuestras expectativas como lectores tanto en las vueltas que da la narración como en los finales, que no siempre resuelven los conflictos. Una pregunta abierta al lector, una madre que dice ‘perdón’ o un sonoro pedo son algunas de las formas en que pueden terminar estos libros.
Esta ruptura de las expectativas en la mayoría de los casos fascina a los lectores. Los niños saben reconocer lo lúdico y lo transgresor del texto y reclaman su lectura una y otra vez.
Si la preocupación de los adultos mediadores (padres, maestros, escritores, editores...) se centrara en que a los niños les guste leer, deberían escuchar con atención lo que ellos tienen para decir. Así confiarían más en la capacidad de los lectores para interpretar textos y entender sus múltiples significados. Si pudieran no perder de vista que los efectos de la literatura, tanto los peligrosos como los más loables, son siempre tan imprevisibles como relativos, quizá podrían centrarse más en lo que es irrenunciable: el placer que siempre debe producir la lectura.
Espero que haya provocado al menos ciertas dudas sobre la elección de los libros infantiles.
Esta semana he seleccionado un artículo de Diagonal de María José Esteso Poves, donde la autora describe como se está investigando sobre uno de los actos más ignominiosos del franquismo, el robo de neonatos a presas y mujeres en dificultad.
Hoy décadas después de cometidos estos crímenes parece que la Justicia empieza a trabajar gracias a la denuncia interpuesta por la ARMH.
Aquí les dejo con el artículo, bien escrito, bien documentado y que nos hace albergar esperanzas, aunque sea con décadas de retraso.
Se estrecha el cerco sobre los responsables de robos de niños en el Franquismo
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha puesto en manos del Juzgado los nombres de algunos de los presuntos implicados en el tráfico de neonatos urdidos durante el Franquismo.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) presentó el 25 de septiembre en el Juzgado de Instrucción nº 5 de Madrid información sobre más de 20 casos de robo de bebés durante el Franquismo. Estos, se suman a los del 8 de enero de 2009 que, por “razones de urgencia”, sí permitió investigar la Audiencia Nacional, a pesar de que ya se había declarado a Garzón incompetente para investigar los crímenes del Franquismo. Ese resquicio permite que los casos de varias madres, presas políticas a las que se les arrebataron sus hijos, se investiguen.
A raíz de esa denuncia admitida por la Audiencia, el Juzgado citó a la ARMH. Su abogado, Fernando Magán, ha aportado ahora abundante documentación y nuevos testimonios (en esta ocasión de madres sin filiación política conocida) junto a un informe inédito de 24 páginas, recopilado por el sociólogo Francisco González de Tena que pone nombre a algunos presuntos culpables en Bilbao y Madrid, entre otros lugares.
Ese estudio da nombres de ginecólogos, abogados, curas, monjas y personas afectas al Franquismo que, supuestamente, organizaban las adopciones ilegales. Los secuestros de bebés comenzaron en los primeros años de la dictadura con presas políticas después se convirtió en una práctica generalizada. Según este informe, "el modus operandi era el mismo: mujeres con partos naturales y a término, daban a luz a bebés sanos, que les eran retirados con la excusa de que era necesario llevarlos a las incubadoras. Luego decían a las familias que habían muerto y que la clínica se encargaba de todo. Los padres no veían los cuerpos y los médicos certifican las muertes. Las noticias las daban curas o monjas". González de Tena asegura que todo esto era posible por dos motivos: "No denunciaban porque existía un ’miedo reverencial’ hacia la Iglesia, a la que otorgaban impunidad amparada en la caridad. Además, había una ’socialización del silencio’ que prevalece hasta hoy. Los cuerpos no eran enterrados, no se han encontrado partidas de bautismo in artículo mortis, tampoco hay documentos en los que las madres accedan a dar a sus hijos" y denuncia la actual colaboración nula de las instituciones.
Esto lo ha comprobado Mar Soriano Ruiz recientemente al reclamar el historial médico de su hermana Beatriz, nacida el 18 de enero de 1964, al Archivo Regional de Madrid: "Los historiales de la Maternidad de O’Donnell [ver recuadro] se encuentran en el Archivo del Hospital Gregorio Marañón pero de allí, mandan a la gente aquí", dijeron las funcionarias. Entonces pidió el parte de incubadora, que sí estaba, y le contestaron las mismas funcionarias: "No podemos dar más datos, pero consta que tu hermana murió por otitis (firmado por los doctores Castiella y Villa) y ese mismo día, casualmente, fallecieron en la misma clínica seis niños más también de otitis". Su caso es uno más de los presentados ante el Juzgado. Algunos ginecólogos, aún vivos de la Maternidad de O’Donnell, donde hay varios casos de neonatos robados, están citados como presuntos conocedores de los hechos. También se menciona al doctor Vela de la clínica San Ramón, donde se habrían producido adopciones ilegales hasta los ’80.
El documento relata muchos casos similares en Bilbao y en la mayoría de las ocasiones aparece un mismo nombre: "En la cabeza de este grupo aparecía [presuntamente] Mercedes Herrán (ya fallecida) que utilizaba el nombre de Mercedes de Grass, apellido del marido. Algunas de las mujeres afectadas iniciaron por su cuenta, hace tiempo, la búsqueda desesperada de sus hijos, visitando las clínicas en las que dieron a luz (Indautxu y San Francisco Javier, Bilbao) y reclamando sus fichas clínicas. Todas sus gestiones fueron inútiles". De Grass se llegó a hacer famosa en todo el Estado español, ya que hasta ella llegaban muchas peticiones de adopción de niños que habría gestionado con la ayuda de un párroco, un ginecólogo, una abogada, una secretaria, un notario y una monja, algunos vivos todavía. "Todo apunta a que entre 1965-1980, e incluso con una continuidad ya menor hasta 1995 –señala el citado informe–, estuvo operativa en la ciudad de Bilbao una red organizada para sustraer neonatos a parturientas en situación de debilidad social (por edad o estatus) y darlos en adopción ilegal". Se tejió una tela de araña en pisos y chalés donde se alojaban las jóvenes a las que después se les sustraían los bebés.
ALGUNAS CLAVES DE LOS TESTIMONIOS
CONTROLADO DE CERCA Los datos recabados señalan que desde 1940 estas prácticas sucedían en determinados centros, causalmente conectados espacialmente. Incluso, alguno de los testimonios presentados en septiembre ante la justicia madrileña afirma que se habría extendido hasta 1995. “Las maternidades de referencia en Madrid eran la antigua O’Donnell, y su anexa Santa Cristina, y después la Clínica San Ramón (privada), situada frente a las anteriores. Junto a estos centros funcionó la “Inclusa Provincial la Paz”, capacitada para dar niños en adopción. En Bilbao los dos centros están situados en la misma calle, Gordóniz: La Clínica de San Francisco Javier (privada), y en la acera opuesta, la Clínica Uzparicha o Indautxu”.
PRECIO: 200.000 PESETAS Nacida en Murcia, se quedó embaraza cuando era joven su familia la echó a la calle. María Dolores Chumilla recurrió a un cura que la envió a uno de los pisos de Mercedes de Grass en Bilbao, según ella misma relata en el informe de la ARMH. Trabajó como costurera y en la limpieza para Mercedes de Grass. Pagó 12.000 pesetas de la época para dar a luz en la clínica San Javier (Bilbao) el 13 febrero de 1978. Cuando dio a luz, la monja sor Amestoy le dijo que se marchara a Murcia, que ella cuidaba a la niña. Cuando volvió esa misma monja le dijo que De Grass había dado a la niña. Una compañera de piso embarazada le aseguró que por la pequeña pagaron 200.000 pesetas.
UNA OTITIS MORTAL Nuria M.T. cuenta en el informe que su madre dio a luz a su hermano Luis en su casa el 21 de abril de 1965 en Aranjuez, pero “mi madre fue llevada a la Maternidad de O’Donnell ya que mi hermano había nacido antes de término”. Cuando llegó a la maternidad se lo llevaron a la incubadora mientras extraían la placenta a la madre. “No le vieron más; a los siete días les comunicaron a mis padres la muerte del niño; causa: Otitis”, señala su hermana. Sin embargo, según ha investigado González de Tena, y se acredita “en La evolución de la mortalidad infantil en España (1964), no existe ni un solo caso de muertes acreditadas por esta causa”, señala.
JOSÉ BOTELLA LLUSIÁ
José Botella Llusíá, familiar de Ana Botella, aparece en el estudio ya que ejerció como ginecólogo en varios de los casos de niños, supuestamente desaparecidos según los testimonios de las madres. Botella fue fundador en 1956 y director durante años de la maternidad de O’Donnell. Tras licenciarse en Medicina y Obstetricia, perfeccionó sus estudios en Alemania (años ‘30). Además, durante el Franquismo ocupó altos cargos institucionales: rector de la Complutense (1962- 1978), presidente de la Sociedad Española de Fertilidad y de la Real Academia de Medicina.
Sólo queda esperar que los canallas que cometieron esas atrocidades paguen por estos graves delitos si viven, y si no que se conozca púbicamente sus nombres para que su memoria quede deshonrada.
Este vídeo de RTVE completa la información y demuestra la vileza de los franquistas:
La pornografía infantil es uno de las grandes plagas que invaden esta sociedad del siglo XXI. Los niños como objetos sexuales es algo que me produce asco. Si los delitos sexuales como las violaciones van contra lo más íntimo de las personas, cuando además se producen con niños, cuya indefensión es evidente, el delito es todavía más execrable.
Internet, como suele ocurrir con todos los nuevos descubrimientos, es una herramienta que bien usada, cualquiera de los que nos leemos y escribimos lo sabemos, procura muchas ventajas. Sin embargo, la posibilidad de conexiones inmediatas salvando las distancias también hace que los delitos colectivos se propaguen y difundan masivamente y mucho más rápidos.
El mensaje "No a la pornografía infantil" es algo que todos deberíamos ayudar a propagar. Esta bitácora, hoy más que nunca, se solidariza con esta causa bloguera. Todos unidos contra esa aberración.