Para muchos de nosotros, hoy Allende sigue siendo un ejemplo, una esperanza, porque como él nos dijo:
11 septiembre 2016
El 11-S olvidado
Para muchos de nosotros, hoy Allende sigue siendo un ejemplo, una esperanza, porque como él nos dijo:
11 septiembre 2012
El 11-S que hay que recordar
Hoy es un día especial. A nadie se le olvidará un 11-S. Todos recordamos y condenamos la masacre del atentado de terroristas islamistas en USA, un acto criminal que acabó con más de 3000 personas y que dejó secuelas en muchas más.
También recordamos que hoy es un día importante para Cataluña: la Diada. Un día donde Cataluña reivindica su razón de existir y su necesidad de autoafirmarse como nación. Hoy, muchos de mis amigos catalanes celebrarán su día, y yo, que vivo una gran parte del año allí, siento un cariño especial por este día y me uno a ese homenaje.
Sin embargo, sin olvidar lo que pasó hace 11 años en Estados Unidos, o la fiesta catalana por excelencia, hay otro 11 de septiembre que se recuerda mucho menos, y que hay que mantener vivo. Hoy hace 39 años que un genocida, al frente del ejército chileno, dio un golpe de Estado cruento que costó la muerte del presidente democrático Allende.
Este acontecimiento es, sin duda, el menos recordado. Por eso, hay que hacer hincapié en que quede grabado en nuestra memoria. La ignominia de la extrema derecha chilena capitaneada por el genocida Pinochet y avalada por la CIA americana acabó con un régimen democrático y dio paso a un periodo desastroso y de retroceso. Hundiendo a Chile en un pozo de violencia, totalitarismo y ausencia de derechos humanos.
Miles de desaparecidos, miles de asesinatos, violaciones, torturas, robos de niños. Expolios, expropiaciones políticas, expatriaciones forzosas. Eso fue Pinochet, un genocida al que no se juzgó y que murió, tranquilamente, en la cama.
Hoy, quiero adherirme con mi recuerdo al pueblo chileno. Más que nunca quiero dejar patente mi solidaridad con ese pueblo hermano que sufrió una dictadura terrible.
No olvidemos que también el 11-S chileno existió y que debe permanecer su recuerdo de injusticia y de impunidad entre todos nosotros. La Memoria Histórica es el único arma que nos queda contra todos aquellos que quisieron y quieren cambiar la historia y hacernos olvidar ese episodio dramático.
No dejemos que nada ni nadie nos cambio o pretenda que ignoremos la historia verdadera. Para muchos de nosotros Salvador Allende fue un ejemplo, y hoy, con emoción le recordamos y después de casi cuatro décadas sigue siéndolo. Por su honradez, por su solidaridad, por su apuesta por los desfavorecidos, por su amor a la justicia, la paz y la democracia:
Salvador Allende está presente
Salud y República
11 septiembre 2011
El catalán y el castellano
Hoy, se ha celebrado “La Diada de Catalunya”. La fiesta del nacionalismo catalán. Felicidades a mis amigos catalanes. Y, hoy, también quiero transcribir integra una carta que he copiado de aquí, y que destapa con humor e ironía la increíble irresponsabilidad del TSJC al dictaminar en contra de la inmersión lingüística, creando un problema que no existe. Un problema que han creado tres familias apoyadas por aquellos que todavía creen que hay que subvertir la normalidad lingüística que se vive en Cataluña, en favor de su imperio caduco y cavernícola, de “la cruz y la espada”, del “Santiago y cierra España”, del centralismo impuesto de Felipe V. Del uso de la lengua como arma desintegradora, en vez de como cultura compartida.
Esta es la carta:
Benvolgudos señores del Tribunal Supremo, me llamo Ignacio, soy un ciudadano catalín y durante toda mi vida he venido sufriendo la imposición del catalán en las escuelas, que ahora ustedes muy juiciosamente acaban de derogar.
Mi infanteza transcurrió bajo los abusos de la llamada “immersión lingüística”, por la qual los niños devían recibir las clases en catalán. Una medida aclaparadora que ha resultado fatal para mi desenvolupamiento.
Las escuelas en Cataluña son fábricas de propaganda en manos de los nacionalistas radicales. Los professores lavan el cerebro a los niños para convertirlos en maulets pequeñoburgueses. Tras cantar el himno de los segadores, les enseñan atrocidades como que los perros ladran “bup!”, que los pitufos barrufan y que bajando de la fuente del gato una noia y un soldado. Con una cheringa les inoculan el gen independentista y les convencen de que Cataluña no es España, que si acaso España es de Catalunya.
Los niños pintan en catalán, saltan el potro en catalán, leen castellano en catalán. Aprenden a decir “pastanaga”, “morenes”, “tanatopractor”, “bikini”, privándoles así del gozo de emplear las formas más elegantes i refinadas del español (“zanahoria”, “hemorroides”, “tanatopractor”, “mixto de jamón y queso”). Se les castiga severamente si dicen “buenu”, “apuyarse” o “me sabe grave”. Se les prohíbe que las cosas fáciles sean “soplar y hacer botellas”. Se les obliga a sacarse el carnet del Club Super 3, a abrir una cartilla en La Caixa y a memorizar las letras de Manel. Y se les tortura, pese a su tierna edad, con lecciones de adoctrinamiento tan dolorosas como leer la hora, porque en catalán “son las 9 y 52” se dice de manera tan recargolada como “son tres cuartos y siete de 10”, que como pueden comprobar es la única forma en el mundo de leer la hora en la que entre lo que dices y lo que sale en el reloj no coincide ni un solo número.
Tamaños sufrimientos se me infligieron en la escuela. Y como yo, mis companyeros de pupitre, una verdadera generación perdida que ahora nos vemos arraconados a la marginalidad, ya que el catalán como lengua imperial sólo nos sirve para hablar entre nosotros y no podemos viajar a la acrisolada Hispanoamérica, ni a Guinea, ni a Texas, ni a Ceuta, ni a las Filipinas, que son lugares donde el español se muestra chiroi como lo que es, eina universal de comunicación. Nuestras únicas vacaciones posibles son a Andorra, el Alguer y las Baleares (que no se les entiende nada, parece alemán). Ni siquiera podemos ir ya a Valencia a contemplar sus inacabables campos de tarongeros o gaudir sus playas vírgenes, porque ahora allí también hablan otro idioma.
Pero la imposición del catalán va más allá de las escuelas. En Cataluña vivimos bajo una dictadura lingüística que ríanse de Corea del Norte. No hay diarios ni radios ni televisiones en español. Nadie habla el español en las calles, sólo de amagado y de forma clandestina. En los bares, no me entienden cuando pido “un cortado” o “un zumo de melocotón”, porque los camareros argentinos sólo sirven “un tallat sisplau” y “un suc de préssec sisplau”.
Fíjense hasta dónde ha llegado la locura catalanofágica: mi madre es andaluza (o sea que yo soy charnego, un estigma con el que los secesionistas recalcitrantes me marcan, como marcaban los nazis a los mariquitas y los judíos), pero incluso mi madre, que como digo es andaluza, ya no dice “¡coño!” sino “coi!” y no se despide con el castizo “hasta luego” sino con un “adéu”.
Yo sé, señores del Tribunal Supremo (y también del TSJC y del Constitucional), que la cuestión del catalán en Cataluña les aflige tanto como a mi. Por eso me dirijo a ustedes, para suplicarles, no, para implorarles, que no se detengan aquí, que continúen su valiente cruzada para liberarnos del yugo nacionalista, que nos liberen de los rótulos de las tiendas en catalán, de las megafonías en catalán, de Las Tres Mellizas en catalán. Les pido que entren con los tanques por la Diagonal y que detengan las victorias del Barsa. Que las Rodalies vuelvan a ser Cercanías y la Plaça de Francesc Macià, sea Plaza de Calvo Sotelo. Ha llegado la hora de poner senyo en la política lingüística de Cataluña, y que por fin las cosas vuelvan a decirse por su nombre: salsicha a la butifarra, alubia a las monchetas, TBO al “Cavall Fort”, sin embudos.
Les pido disculpas por mi pobre castellano, pues no aprendí otro mejor, y les demando que escuchen mi súplica, que es un clamo.
Suyo humildemente,
NACHO PÁEZ
Espero que os haya hecho sonreír.
Y si todavía hay en España quién no se ha enterado de que la diversidad cultural es una riqueza, que viaje un poco, lo necesita.
Salud y República
El otro 11-S, ese día fatídico
Hoy el 11-S, el día en que cayeron las Torres Gemelas, es la noticia cabecera de los medios de comunicación. Es verdad que desde ese día, hace diez años, el mundo no es igual, es verdad que en su nombre se han cometido tropelías tremendas, por ejemplo, dos guerras: Irak y Afganistán. El mundo, hoy, es menos libre y más paranoico.
Un atentado tremendo que se llevó más de tres mil vidas y dejó miles de heridos. Una desgracia que ha dejado secuelas como ésta, fíjense en esta viñeta donde se enseña como se mató a Bin Laden, y se da para colorear a los niños estadounidenses en el colegio (visto en el Altablog):
Sin embargo, existen otros 11-S, entre ellos la famosa Diada Catalana, donde mis amigos catalanes celebran su fiesta mayor. ¡Felicidades!
Pero yo quiero hablar de otro 11-S, aquel que parece olvidado, del que casi nadie habla. Un once de septiembre de 1973. El día en que un país que tenía una tradición democrática inusual dentro de Iberoamérica, fue brutalmente agredido por sus propios generales. Un país donde su presidente no se rindió. Un país donde se cometieron brutales atentados contra los derechos humanos. Ese Chile que hoy todavía contiene esencias de esa barbarie, cuyos posos no se han limpiado.
Allende fue el hombre que desde la praxis política pudo cambiar el mundo. Pinochet, ayudado por la CIA, fue el genocida que involucionó su país, gestando un golpe de Estado miserable con el poder de la fuerza bruta y la ayuda americana. Allende murió como un héroe, Pinochet murió asediado y acusado de genocidio y de delitos contra los derechos humanos.
Ese golpe hizo retroceder décadas a Chile y produjo un efecto mimético en la zona que tuvo consecuencias nefastas para la libertad y la democracia. Hoy todavía quedan esas cenizas, que un gobierno de derechas intenta mantener vivas.
Ese 11-S es el que me emociona más. Porque Chile pudo ser el embrión de un cambio político que transcendiera más allá de su país. Nixon y su CIA lo impidieron. Pero nadie podrá evitar que en la memoria de muchos de nosotros, el 11-S sea un día nefasto, donde la traición y la indignidad unidas cerraron, en Chile, las alamedas por mucho tiempo.
Mi recuerdo para ese gran hombre y ese gran país:
Han hablado también de este otro 11S: Javi, Grândola y D. Ricardo
Salud y República
11 septiembre 2010
El otro 11-S
Ya he escuchado por la radio, en varias ocasiones, la narración del ataque a las Torres Gemelas que se produjo hoy hace nueve años. También lo he leído en los diarios on-line, y en algunos blogs de amigos.
Hoy también es la Diada. El día nacional catalán. Y me alegro y felicito a todos los catalanes. También, aunque menos, ha sido comentado en la radio y en los diarios.
Lo que prácticamente no veo, seguramente permanece en el olvido de los medios de comunicación y lejos del mundo de lo políticamente correcto, como si hoy hubiera desaparecido, es que hace treinta y siete años, un golpe de Estado derrocó a un hombre único, un socialista de verdad, un hombre que quiso cambiar su país y no le dejaron. Un buen hombre asesinado y traicionado por militares fascistas, por la oligarquía chilena y con el visto bueno de Yanquilandia, y la mirada a otro lado de los demás países del primer mundo.
Naturalmente hablo de Salvador Allende. Al pueblo yanqui ya lo recuerda todo el mundo. La Diada la celebran todos los catalanes. Pero, ¿quién se acuerda de Salvador Allende?
Que nunca se olvide al hombre que quiso hacer de Chile un país mas justo, más igualitario y más digno. Y no le dejaron. Y utilizaron la fuerza. Esperanza, honor y justicia derrocadas por el ruido de las balas. Después: oscuridad, fascismo, violencia, desaparecidos, vergüenza…
“Que mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre… “
Para Salvador Allende, mi recuerdo más emocionado.
Salud y República
