Para muchos de nosotros, hoy Allende sigue siendo un ejemplo, una esperanza, porque como él nos dijo:
11 septiembre 2016
El 11-S olvidado
Para muchos de nosotros, hoy Allende sigue siendo un ejemplo, una esperanza, porque como él nos dijo:
19 septiembre 2015
¿Está bien de la cabeza Felipe González?
Lo dudo. Es más, estoy seguro de que no. Porque uno se puede equivocar, puede estallar y decir, en un momento de tensión, algo que no piensa, pero lo que no puede hacer, después de soltar una barbaridad, que ofende a la verdad y a la mayoría de la gente (a todos menos a los fascistas), es ratificarla y quedarse tan pancho, porque demuestra que no está bien, que le falta un tornillo como poco.
¿Cómo se puede decir que Pinochet respetaba mucho más los derechos humanos que Maduro? Esta barbaridad es digna de un ignorante de la historia reciente –y Felipe González no lo es— o de un chalado.
No voy a entrar a hablar de Maduro, un tipo que habiendo ganado una elecciones limpiamente, demuestra un comportamiento difícilmente democrático, ni tampoco voy a juzgar a la oposición, sin duda necesaria en cualquier democracia pero con tintes dudosamente aceptables. Independientemente de otras preocupaciones, me parece insólito lo que ha afirmado y ratificado el expresidente del gobierno español.
Los que hemos vivido el tiempo del asesino Pinochet, y Felipe es uno de ellos, y los que conocen la historia, no pueden sino afirmar que lo dicho por González es una barbaridad, además de una mentira comprobable. La crueldad de Pinochet sólo puede tener comparación con la de Hitler, la de Franco o la de los generales argentinos.
Uno puede olvidar ciertas cuestiones históricas, aunque las haya vivido, pero cuando se trata de cambiar la historia la cuestión es muy grave. ¿Es posible no recordar el sangriento golpe de Estado a Allende? ¿Cómo se puede olvidar los 40.000 muertos y desaparecidos en el Chile de Pinochet? ¿Quién es capaz de olvidar las atrocidades, violaciones, torturas y asesinatos en masa de esa época en Chile? ¿Qué persona es capaz de olvidar aquel régimen terrorista que provocó también miles de refugiados políticos? Bastaría recordar las desapariciones en masa (¿es que tampoco ha visto la película Missing, este individuo?), o las torturas que sufrió, por ejemplo, Víctor Jara.
Felipe González ha demostrado su calaña, porque se puede y se debe criticar a Maduro, sin duda, pero de eso a compararlo con Pinochet, hay un abismo. Y no sólo lo compara, es que dice que es peor. ¡Que barbaridad! Sólo le falta ya decir que Maduro supera a Franco en crueldad.
Lo grave es que hay ciertos motivos que hacen que González no pueda soportar al gobierno Maduro. Y todo viene de la amistad que tuvo con Carlos Andrés Pérez, un presidente venezolano amigo de Felipe González que robó a su país y fue uno de los políticos más corruptos de Iberoamérica, y de quien la actual oposición es hereditaria ideológicamente.
Felipe González está sobrevalorado. Fue un presidente que incumplió sus promesas electorales, recordemos la de la OTAN o la de la creación de 800.000 puestos de trabajo, durante su presidencia se probó la financiación ilegal del PSOE (FILESA) y se produjo el terrorismo de Estado (GAL). Además de empezar a fabricar la precariedad laboral con sus reformas laborales que hizo que los sindicatos convocaran la huelga más exitosa de la democracia, la del 14-D de 1988. Un personaje que ha demostrado su dignidad política aprovechándose de su cargo y utilizando las puertas giratorias (Gas Natural). En fin, una figura con un reconocimiento inmerecido.
Ahora, después de esta declaración, además de sobrevalorado, estoy convencido de que está como una cabra.
Salud y República
11 septiembre 2012
El 11-S que hay que recordar
Hoy es un día especial. A nadie se le olvidará un 11-S. Todos recordamos y condenamos la masacre del atentado de terroristas islamistas en USA, un acto criminal que acabó con más de 3000 personas y que dejó secuelas en muchas más.
También recordamos que hoy es un día importante para Cataluña: la Diada. Un día donde Cataluña reivindica su razón de existir y su necesidad de autoafirmarse como nación. Hoy, muchos de mis amigos catalanes celebrarán su día, y yo, que vivo una gran parte del año allí, siento un cariño especial por este día y me uno a ese homenaje.
Sin embargo, sin olvidar lo que pasó hace 11 años en Estados Unidos, o la fiesta catalana por excelencia, hay otro 11 de septiembre que se recuerda mucho menos, y que hay que mantener vivo. Hoy hace 39 años que un genocida, al frente del ejército chileno, dio un golpe de Estado cruento que costó la muerte del presidente democrático Allende.
Este acontecimiento es, sin duda, el menos recordado. Por eso, hay que hacer hincapié en que quede grabado en nuestra memoria. La ignominia de la extrema derecha chilena capitaneada por el genocida Pinochet y avalada por la CIA americana acabó con un régimen democrático y dio paso a un periodo desastroso y de retroceso. Hundiendo a Chile en un pozo de violencia, totalitarismo y ausencia de derechos humanos.
Miles de desaparecidos, miles de asesinatos, violaciones, torturas, robos de niños. Expolios, expropiaciones políticas, expatriaciones forzosas. Eso fue Pinochet, un genocida al que no se juzgó y que murió, tranquilamente, en la cama.
Hoy, quiero adherirme con mi recuerdo al pueblo chileno. Más que nunca quiero dejar patente mi solidaridad con ese pueblo hermano que sufrió una dictadura terrible.
No olvidemos que también el 11-S chileno existió y que debe permanecer su recuerdo de injusticia y de impunidad entre todos nosotros. La Memoria Histórica es el único arma que nos queda contra todos aquellos que quisieron y quieren cambiar la historia y hacernos olvidar ese episodio dramático.
No dejemos que nada ni nadie nos cambio o pretenda que ignoremos la historia verdadera. Para muchos de nosotros Salvador Allende fue un ejemplo, y hoy, con emoción le recordamos y después de casi cuatro décadas sigue siéndolo. Por su honradez, por su solidaridad, por su apuesta por los desfavorecidos, por su amor a la justicia, la paz y la democracia:
Salvador Allende está presente
Salud y República
