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17 junio 2013

¿Por qué seguir invirtiendo en el AVE?

Hoy se ha inaugurado el AVE a Alicante. Con esta línea España se sitúa en segundo lugar en el mundo, detrás de China, en número de kilómetros de alta velocidad, 3187. El doble que Alemania, y más que Francia, Japón o EE.UU. Vamos que semos los mejores.

Esta maravilla del tren de alta velocidad es una prioridad en este país. Difícil de explicar que cuando se sigue recortando en Educación, Sanidad Pública y más, nos gastemos en este trenecito a Alicante, casi dos mil millones de euros y todo por ahorrar 50 minutos, en un viaje de poco más de tres horas. Y luego nos vienen con que no hay dinero. Por cierto que está previsto, en los próximos tres años, el AVE a Galicia, Asturias, Euskadi, Extremadura y Castellón. Total más miles de millones a este maravilloso medio de transporte.

Mientras tanto, Renfe pretende cerrar, en poco tiempo, miles de estaciones de pueblos pequeños de toda España. Estos gobernantes siguen entendiendo que los servicios públicos son cosa de números y de amiguetes. Resulta que se eliminan estaciones porque no son rentables, mientras que no se cuestiona que el AVE también es deficitario. Pero claro, la propaganda del AVE, propia de un país “rico” como el nuestro, es mucho más importante que dejar a 900.000 españoles sin servicio ferroviario en sus pueblos.

AVE

Esta es la doble España que nos meten con fórceps. La España rural que se quieren cargar como sea y dejarla aislada, sin tren y con carreteras de segunda, y la España de primera, la de las capitales que tienen AVE, aeropuerto y autopista. Una política de transportes lamentable que produce un desequilibrio total, que crea líneas de AVE y aeropuertos vacíos y condena a muchos pueblos al aislamiento.

¿Qué se podría haber hecho con los más de 60.000 millones que se han invertido en las líneas del AVE? Tenemos trenes rápidos como el Alvia, el Alaris, el Euromed o el Talgo que tardan aproximadamente un 30% más y cuya inversión es muy inferior.

El precio del AVE es alto y además parece que no cubre el coste del trayecto. Las previsiones de usuarios no se cumplen, así, por ejemplo, en el caso del AVE a Valencia la realidad dice que se están transportando la mitad de pasajeros que los que estaban previstos en el plan inicial. Por no hablar de las estaciones fantasmas, donde no hay apenas movimiento, como Ciudad Real, Guadalajara, Puertollano, Calatayud, Requena, por ejemplo.

Las inversiones y el mantenimiento del AVE son muy caros e impropias de un país en crisis, en situación económica penosa. Para colmo los billetes tampoco son baratos, con lo que hay que preguntarse ¿es necesario seguir invirtiendo en líneas de AVE? ¿Por qué no se emplea ese dinero en mejorar la red ferroviaria en todo el territorio? Cerrar estaciones e inutilizar vías férreas es tirar las inversiones hechas por la borda.

Además, hay cuestiones de difícil explicación en algunas inversiones del AVE. Por ejemplo, en Guadalajara o en Tarragona, la estación del AVE es distinta de la estación ferroviaria normal, diste de esas ciudades unos diez kilómetros y estén emplazadas en tierras desérticas (¿qué intereses han primado?, desde luego, no el de los usuarios) y que provocan que hacer un transbordo de trenes conlleve trasladarse de una estación a otra, con la pertinente incomodidad y pérdida de tiempo. Absolutamente ilógico puesto que en Barcelona o Madrid, por ejemplo, los AVE entran en la ciudad sin ningún problema.

Lo hecho, hecho queda por desgracia, sin embargo, será muy difícil de explicar –salvo intereses ocultos-- que en los momentos críticos que vivimos se sigan dedicando inversiones millonarias al AVE, mientras que nos tratan de convencer que el Estado del Bienestar se desmantela por falta de recursos.

Salud y República

30 junio 2011

El AVE y la velocidad no son la panacea

No es oro todo lo que reluce. El AVE ha supuesto que España sea, el país con más kilómetros de tren de alta velocidad del mundo. Esto es lo que muchos catalogan como un gran éxito.

Y, lo sería, si nos quedáramos sólo en esta cifra. Lo que ocurre es que hay algo más. El AVE no es el único tipo de tren existente, ni el tren el único medio de transporte.Estac

Hoy, no sabemos por cuánto tiempo, RENFE todavía es una empresa pública, y como tal debería responder a intereses generales. Sin embargo no ha sido así.

El apogeo del AVE ha llegado a obstaculizar otras inversiones que, sin ser tan espectaculares, son fundamentales para un país como España. La RENFE ha dejado de servir centenares de pueblos, cerrando sus estaciones. Todos conocemos estaciones de tren ayer, hoy cubiertas de maleza o adaptadas a otro tipo de edificios.

Estación de Caldelas 2

Mientras que desde el Ministerio de Fomento se ha promocionado el tren más veloz entre ciudades importantes, el tren, el simple tren de toda la vida, ha dejado de circular por muchos pueblos, habiendo sido sustituido por el transporte de carretera. Y no digamos nada del transporte de mercancías, que ha salido todavía más perjudicado, pues los trenes de alta velocidad están pensados exclusivamente para los pasajeros.

Hoy el transporte de mercancías dentro de la península utiliza, en un 90%, la carretera, mientras que en Francia o Alemania, el ferrocarril transporta un 50% de las mercancías de sus respectivos países. Un transporte más limpio, más económico y más seguro.

Aquí la alta velocidad ha podido con todo, ha evitado que se desarrollara el transporte de mercancías por ferrocarril y ha suprimido muchas estaciones, dedicándose sólo a las ciudades importantes y olvidándose que el criterio de una empresa pública, como RENFE, y de un ministerio, es atender al bien general.

La velocidad ha sido el juguete de nuestros políticos, que han hecho del AVE su prenda preferida. Un juguete que luce, corre y da esplendor de cara al exterior, pero ¿es la alta velocidad la mejor opción?

Las líneas de alta velocidad tienen su ventaja principal en la velocidad, sin embargo también tiene grandes puntos débiles. Han supuesto unos graves problemas para el ecosistema. Su implantación ha comportado cambios negativos que han quebrado más de un parque nacional. Las denuncias constantes de los ecologistas no han hecho sino constatar la degradación del medio ambiente de muchos parajes por donde pasa el AVE.

Por otro lado, la inversión que requiere es altísima, aproximadamente un km de vía AVE cuesta diez veces la de un tren normal. Y el precio que llega al consumidor final es altísimo, llegando en muchos casos a superar al del transporte aéreo.

La elección de esta política de transportes, a mi modo de ver, ha sido un error. Y los resultados están ahí. Pueblos sin ferrocarril desde hace unos años, algún AVE que hay que cerrar por falta de pasajeros y un transporte de mercancías en el que el tren juega un papel mínimo, habiendo sido sustituido por el transporte de carretera, más inseguro, caro y contaminante.

En fin, los juguetes de los políticos se vuelven platos rotos que pagamos todos. El caso del cierre del AVE de Toledo-Cuenca-Albacete no es una anécdota sino una demostración de que no habían efectuado algo tan elemental como un estudio de mercado, cuestión indispensable cuando se quiere lanzar una infraestructura de este tipo.

Los centros de poder, CC.AA, grandes ayuntamientos y Ministerio de Fomento han actuado con una constante improvisación embarcándose en proyectos que no son viables, o cuando menos son mejorables, y que cumplen con la misión –si no hay otras más oscuras— de satisfacer el ego del responsable político de turno.

El Transporte ha de servir al país, y no al revés. No hay que invertir más de lo que se puede, que luego llega el tío Paco con las rebajas.Y se trata de llegar, no de correr. No nos tengamos que acordar de la fábula de la liebre y la tortuga. Ni el AVE ni la velocidad son la solución.

Salud y República