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01 febrero 2018

Báñez y Villalobos, dos diputadas "adalides de los pensionistas"

Ya saben ustedes cómo está el patio. El PP en los últimos seis años se ha comido la hucha de las pensiones, unos setenta mil millones de euros, que se dice pronto. Además nos han dejado a los pensionistas con un aumento de las pensiones que ha provocado una caída del poder adquisitivo en los últimos años del 4% y que, de seguir con ese ínfimo aumento del 0,25, podría dejarnos dentro de cinco años con una pérdida de más del 12%.

Bueno, pues no se conforman con dejar la hucha de las pensiones a cero, sino que además no son capaces de reunir al Pacto de Toledo y de dar soluciones a este grave problema. La culpa es, como decía la directora del FMI –la señora Lagarde, otra que tal baila--, que los jubilados vivimos demasiado, como si ella fuera una chiquilla, con sus 62 años a las espaldas.

Báñez, esa ministra que no es sino la voz de los empresarios, en este caso la de los seguros privados, vuelve a mentir y dice que los jubilados no sólo no estamos mal, sino que en un alarde sobrenatural, lógico en quien invoca como aliada máxima de la precariedad laboral a la Virgen del Rocío, dice que los datos son favorables y tozudos y que los jubilados vivimos como reyes. Esta infame ministra a pesar de que la CEOE le hace todo el trabajo, y la virgen la ayuda en su labor, es de una ineptitud delirante y ha conseguido cargarse el mercado laboral, llenándolo de precariedad y de sueldos míseros que no permiten salir de la pobreza.

Bueno, pues se atreve la osada señora a enviarnos una cartita diciéndonos que la subida de las pensiones (0,25%) es un esfuerzo que hay que agradecer. La verdad es que llega a tanto la estulticia de la tal señora, que seguramente no se ha dado cuenta de que el envío de la carta supone, entre sobre, papel, tiempo y franqueo, más de la subida media mensual de la pensión (2,5 euros). No me dirán que no es una lince.

Y qué decir de Celia Villalobos, que aconseja ahorrar dos euros al mes y meterlos en seguros privados y además pretende trabajar hasta los 80 años. Jugando al Candy Crush y durmiendo en el hemiciclo, y con Manolo (ya saben, el chofer al que grita cuando está cabreada) que la trae y la lleva donde la señorona quiere, así cualquiera. Por cierto, que me gustaría saber qué pensaría con un trabajo de verdad, y no hablo de mineros, albañiles o peones camineros –no me vayan a llamar demagogo--, simplemente en una oficina donde le hicieran trabajar de verdad o en unos almacenes, veríamos si no solicitaba a gritos la jubilación. Además, a punto de cumplir 69 años, está ocupando un puesto de trabajo, sin dar ni golpe.  ¡Ah! Y que no se me olvide, con unos 90.000 euros anuales pagados por el erario público, justo igual que las pensiones que se cobran.

Luego, en un alarde fantasioso, pretende dar consejo a los jóvenes diciendo que ahorren dos euros al mes y lo inviertan en un seguro de pensiones. Además de una hipócrita –quien sabe si no terminará hasta los 80 años, en una importante empresa privada de seguros— es una ignorante, puesto que con ese capitalazo, si supiera multiplicar, se daría cuenta que en 30 años a dos euros al mes se puede llegar a 720 euros. Un enorme capital, con el que obtendríamos una pensión de unos cinco euros al mes (con una gran rentabilidad), viviendo 25 años de jubilado. Probablemente debería ir a clases de cálculo, en vez de jugar en un parlamento, a dar consejos estúpidos y falsos, a dormir y al Candy Crash.

En fin, son dos perlas del PP, dos personas que se ríen de los jubilados y que demuestran por dónde van los tiros de este partido con los pensionistas. Ahora bien, se me abren las carnes de pensar que, precisamente, son los mayores de sesenta años el mayor caladero de votos de su partido. Y es que, esta esquizofrenia popular demuestra un masoquismo mayúsculo que no tiene parangón.

Salud y República

15 enero 2016

Extraños en los escaños

Esto ya no es lo que era. ¡Qué vergüenza! No me extraña que la caverna se haya asustado. No es para menos. En vez de seguir la tradición, estos nuevos parlamentarios quieren cambiarlo todo.

Sin duda, el parlamento no es lo mismo. Desgraciadamente se ha llenado de rastas, coletas, de gente descorbatada y con vaqueros y jerseys en vez de con trajes italianos. De gente que llega al Congreso en bicicleta. De madres con niños. De diputados que prometen cosas raras en su investidura. El “no va más”. ¿Dónde vamos a parar? Quieren hundir el Congreso. ¡Qué se puede esperar de esta tropa!

Con lo guapo que era el parlamento, casi todos con corbata y bien vestidos, oliendo a colonia cara y a desodorante, aunque no voy a negarlo algunos tenían debajo del traje naftalina podrida y una billetera llena de origen dudoso, pero nadie es perfecto.

Recuerdo cuando no hace tanto el presidente de la cámara, Bono, llamó la atención a un diputado de los suyos, Miguel Sebastián, por no llevar corbata, algo inherente al cargo. Una corbata siempre ha sido signo de distinción y con distinción se puede representar mejor a los electores. Ahí tienen ustedes al gran Pedro Gómez de la Serna, con su corbata, con su traje de Armani y como dios manda, un ejemplo parlamentario a seguir.

No es de extrañar que la caverna, tanto política como mediática, se haya puesto en pie a gritar estas atrocidades que han convertido el hemiciclo en un circo. Ahí quedan las declaraciones de Celia Villalobos, representante de la caverna política, sugiriendo que con las rastas puede venir una invasión de piojos que le puede afectar. Y, la representante de la caverna mediática, Pilar Cernuda, que ha dicho directamente, algo a lo que no se han atrevido muchos pero que lo piensan, y es que los parlamentarios nuevos de izquierda son unos guarros, huelen mal.

Afortunadamente recuerdo los tiempos de la transición, donde se podía ver a Guerra o a González, entre otros, con melenas, a saber si con bichos, y en cuanto ganaron se cortaron el pelo y se adecentaron, hasta confundirse con los de UCD y los del PP. Es lo menos que se puede esperar de gente que pretende seguir un camino digno y glorioso. Esperemos que se repita de nuevo.

Y es que el Congreso es algo serio y hay que hacer los cambios suavemente. No se puede pasar de Serrano a Vallecas, de Castellana a Lavapiés, de El Viso a Carabanchel, de la Moraleja a Malasaña. Una barbaridad, se ha dado un salto acrobático sin red que puede acabar con nuestra España.

Menos mal que entre los nuevos se encuentran también los chicos y chicas guapos, bien vestidos, pelo corto cuidado y con maquillaje  como los de Ciudadanos. ¡Qué diferencia! Estos sí que heredan el ADN del antiguo Congreso, justo lo que los otros quieren borrar.

Pero lo más grave de todo no es la suciedad que puedan aportar estos nuevos rastafaris y coletas, lo grave es que en el Congreso y en el Senado ya no huele a rancio sino a rebeldía y eso sí, eso sí que da miedo.

Lo extraño, lo que más me indigna, es que este Congreso se parece más a la España actual y no a mi España, la de toda la vida.


Salud y República

25 febrero 2015

Celia Villalobos se divierte en el Congreso

“Es un coñazo, siempre dice lo mismo, y lo mal que vocaliza. Es pesadísimo y sus argumentaciones suenen falsas”. Esto es lo que debió pensar Celia Villalobos. Parecido a lo que piensan millones de ciudadanos. La única diferencia es que Celia estaba en su puesto de trabajo, cobrando un sueldo –por cierto, de nuestros impuestos—, y en vez de escuchar a su capo se dedicaba desde su puesto de la presidencia del congreso a jugar al Candy Crash.

Nada nuevo bajo el sol, podríamos recordar episodios similares en distintos parlamentos, capítulos que hoy recordamos y que prueban el amor que muchos diputados tienen a su trabajo y el respeto que presentan ante los que se suben a la tribuna de oradores. Y eso que sólo podemos hablar de los que pillaron con el carrito del helado. Unos veían porno, otros mandaban mensajitos a sus amiguetes, otros leían novelas o el periódico. Y muchos ni tan siquiera van, y cuando van…

Celia Villalobos

Los diputados hacen, a menudo, novillos, y sólo se presentan para votar. Pero resulta que cuando les obligan a ir –lease el pleno de presupuestos o el del Estado de la Nación-- algunos se duermen, la mayoría se va cuando hablan los grupos de oposición que no son PSOE o PP o. como Celia Villalobos, se dedican a jugar al Candy Crash, desde su puesto de presidenta del Congreso.

Se aburría mientras que su jefe soltaba el discurso triunfalista. La verdad es que yo también, lo único en lo que estamos de acuerdo, pero alguien me puede decir qué hizo cuando hablaba la oposición ¿Cambiaría de juego o bajaba de nivel?

Lo único positivo de Celia es que a ella y a su marido, Arriola, la odia y ataca el propio Maruhenda, algo inaudito en este vocero pepero, capaz de defender todas las causas peperas aunque sean indefendibles.

La verdad, es que tengo curiosidad por saber si la Sra. Villalobos en todo el tiempo que duró el arduo, monótono y falaz discurso de su capo fue capaz de pasar de nivel. Al menos podríamos pensar que su destreza compensaba su falta de ética, aunque me temo lo peor. Y es que la buena mujer no da más de sí, es increíble que todavía esté en el congreso y más que sea vicepresidenta del mismo, pero Rajoy es así, su dedo mágico le ha llevado a nombrar a este personaje que como se ha demostrado ni tan siquiera le escucha. Eso sí, tiene un salario, por jugar al Candy Crash también, que todos pagamos y que es una barbaridad. Sueldo base: 102.256 euros, más alguna dieta que otra. Total, más que el presidente del gobierno –eso sin contar posibles sobrecitos--, por lo que no es extraño que ni le escuche.

En fin, ¿qué hubiera pasado si a algún trabajador le pillan jugando a los caramelitos en vez de trabajando? Ya sabemos lo extemporánea que es la Sra. Villalobos, y si no, aquí en este vídeo pueden ver algunos de sus actos impropios –el más conocido, el del chofer, cuando le gritó, cabreada y de un modo humillante: Vamos Manolo… vamos joder—.

Por cierto, su compañera Dolors Montserrat, vicepresidenta tercera de la camára ha señalado que le parece bien, defiende a Villalobos y dice que hay quien puede hacer dos cosas a la vez (?¿) No, si va a resultar que el hecho de jugar en pleno Estado de la Nación es propio sólo de personas inteligentes. ¡Lo que hay que oír!

Mientras tanto, el presidente del Congreso, Jesús Posada ha obviado el problema de su vicepresidenta, cuando tenía que ser quien la hubiera sancionado. Y es que, “entre lobos anda el juego”.

¡Hay que joderse! Resulta que el único amonestado y regañado ha sido el periodista de La Marea que grabó el vídeo.

Así funciona este país.Lástima que Celia Villalobos no tenga vergüenza, que se le haya quedado en el camino, porque si no, esta desvergonzada, dimitiría. Y pena, penita, que su propio jefe y su partido no la cesen y vean normal, sin hacer críticas, su comportamiento. Ya veríamos como actuarían si ese dinero fuera del PP y no de los ciudadanos, aunque se tratase de dinero negro.

Salud y República