Parece
mentira pero el fútbol profesional, algo que debería ser un deporte y un
espectáculo, es un monstruo que se traga todo: la ética, la estética, la
solidaridad, la serenidad y hasta los actos delictivos.
Desde reacciones
que algunos forofos tienen a favor de su equipo (también ocurre en partidos
infantiles) y deciden convertirse en animales salvajes y generar una violencia
inusitada, hasta actuaciones inclasificables de solidaridad con sus ídolos,
aunque estos sean unos delincuentes.
Recuerdo
cómo vitoreaban desde la grada, un montón de seguidores, a un jugador bético y
llamaban puta a su pareja, por el hecho de que le había denunciado por
violencia de género. Importaba un pito que fuera o no culpable, él (Rubén Castro)
era el ídolo y como tal se ve que podía cometer cualquier acto, aunque fuera violento,
con su pareja. Por cierto, fue defendido por su club y su entrenador.
Y qué decir
de los casos descubiertos de fraude fiscal, donde Neymar, Messi o Ronaldo, por
nominar a los más conocidos, han dejado de pagar millones a Hacienda y vemos
cómo sus clubes les defienden y sus seguidores les perdonan. Algo insólito.
Hablamos de decenas de millones de euros y parece que estos famosísimos tienen
bula y pueden hacer lo que quieran con el apoyo de su gente. Lo que no se
permite a nadie que no sea una estrella del deporte rey.
Todos estos
delincuentes fiscales son personajes que deberían ser un ejemplo para jóvenes y
demás personal y, sin embargo, a pesar de ganar millones de euros cada año,
tratan de comportarse a su antojo, esconder sus grandes fortunas y no pagar lo
que deben, como hacemos todos los demás.
Claro que
siendo ellos los que presuntamente delinquen, las actitudes de sus clubes y de
sus seguidores son lamentables, y dicen mucho de cómo las pasiones desatadas en
el fútbol, ese forofismo tan extendido, son un ejemplo de una insolidaridad y
de sectarismo desatado.
Señores
defensores de estos presuntos delincuentes –algunos ya no son presuntos y han
sido condenados--, somos muchos los que, nos guste o no el fútbol, no estamos
dispuestos a apoyar su violencia o sus actos fraudulentos. Ya está bien, no
sólo se les considera unos ‘niños bonitos intocables’ sino que además tenemos
que apoyarles o reírles sus gracias, aunque éstas sean graves. Por ejemplo,
cometer violencia de género, violencia con el árbitro, delitos fiscales.
¡Basta! Estos tipos son delincuentes y como tales deben ser tratados, y la
solidaridad con ellos debería estar penada (qué vergüenza ver a los clubes
defendiéndoles, en vez de castigarles por manchar su nombre).
Esta pasión
desmedida y canalla que desata el fútbol hay que controlarla. De no ser así,
los partidos de fútbol, los campos y sus inmediaciones pueden terminar por ser
campos de batalla donde la violencia campe por sus lares y el fútbol no sea
sino la excusa.
Salud y
República
