
Por primera vez, se va a juzgar al presidente y varios directivos de la inmobiliaria Habitat por el accidente de Julio del año pasado, en el que murieron cinco trabajadores en una obra en Poblenou.
Esto de morir en el tajo se ha tomado como parte alícuota de los riesgos que nos toca vivir, como algo inevitable que comporta la sociedad del “bienestar”, como un precio que hay que pagar. Mentira podrida. Los accidentes laborales están correlacionados más con la desatención, el incumplimiento de las normas de seguridad y las condiciones de trabajo que con el peligro de las distintas profesiones. Ya sabemos que un torero puede morir en el ruedo, también que ser policía o militar conlleva riesgos, pero que la mayoría de los accidentes se produzcan en la construcción y afecte a trabajadores subcontratados y eventuales por incumplimientos en la seguridad preceptiva, es una realidad que debería hacernos reflexionar.
El caso que nos ocupa es muy claro. Se derribó un muro y mató a cinco trabajadores, hiriendo a otro más. Todos menos uno eran subcontratados. Después de la investigación correspondiente, se ha sabido que el muro que se desplomó no contaba con los pertinentes sistemas de anclaje que hubieran evitado el desastre.
A ver si es verdad que los responsables de la empresa no se van de rositas y este caso sirve de ejemplo. Aunque sea tan triste y tremenda la irreversibilidad del mismo.
Ni una muerte más por negligencia en accidente laboral.
Salud y República












de la dictadura y consensuar con los franquistas y monárquicos unas normas que permitieran cambios sustanciales que abocaran en una democracia similar a la de los países de nuestro entorno. Por lo tanto, el tema de la Monarquía quedó relegado a un segundo plano. Hoy es el momento de iniciar esa reconquista que nos devuelva la democracia total.



