25 junio 2011

Adiós Misha, adiós

Llegué ayer a la Kabila Tarraconense. Rivas ha quedado lejos, hasta septiembre. Ahora toca un par de meses de verano, aquí entre mar y montaña.

Y al llegar, la eché de menos. Ocurrió hace dos meses, más o menos. Ella era de aquí. Aquí la encontramos hace seis años, fue un regalo. Apareció por sorpresa y se pasó toda la noche de un frío enero en el alféizar de la ventana del dormitorio. Tenía frío y la recogimos.

Era un cachorro, de unos cuatro meses nos dijo el veterinario. Una gatita siamesa. Desde entonces, ha vivido con nosotros, aquí en su tierra y allí en Rivas. Viajaba con nosotros. La cuidábamos, fue, yo creo que feliz. Pero sobre todo fue libre. Ella me pedía salir y llamaba para entrar. Hacía lo que quería. Cada seis meses, era su único miedo: la visita al veterinario. Vacunas y controles. Siempre la encontraron sana.

Ella, ya saben que era mi musa. Cuando quería algo me lo hacía ver. Venía, me daba con la patita y me llamaba la atención. Dormía donde quería. Tenía su sitio, pero a veces venía y se ponía en la cama, a los pies, sigilosa sin hacer ruido.

En ocasiones, quería algo y me encontraba en el ordenador, me llamaba la atención, pero no le hacía caso, entonces, ni corta ni perezosa se subía al teclado, como diciendo aquí estoy. Y se me quedaba mirando.

Hoy la he echado mucho de menos. En Rivas, hay más follón, hijos, nietos, amigos. Aquí, en su tierra, ella era la reina de la casa. Y lo sabía. Aquí, Lola, yo, y mi cuñado Rosendo cuando estaba, éramos sus esclavos. Siempre pendientes de ella. Si aparecía por la ventana, la abríamos para que entrara, si quería salir lo mismo. Sabía que podía hacer y deshacer. Eso sí, siempre fue autosuficiente. Su comida, su agua y su arena. Lo demás era cosa suya. Limpia y siempre llena de vitalidad.

No sé qué pudo pasar, pero, esa noche del último abril, vino a quejarse a las cuatro de la mañana, la encontré apagada y supe que estaba enferma. En seguida, se retiró a su sitio tranquila y triste. Por la mañana, pidió salir. Lola le abrió la puerta. Era domingo, y decidí que si seguía así la llevaría al médico al día siguiente. No me gustaba su mirada, pero parecía como si hubiera mejorado. Se fue caminando y se quedó debajo de un laurel.

Más tarde salí a buscarla para ver cómo estaba. No la encontré. Entonces fue cuando junto a Lola la buscamos por la finca. Y allí estaba, debajo de una higuera, tumbada, como si estuviera dormida. Allí estaba. Ya no respiraba. No podéis imaginar cómo nos sentimos. Seguramente había comido alguna yerba envenenada, no sé. Campaba por todos los sitios, cualquier cosa pudo ser.

Terminó, donde la encontramos seis años antes. Y nos ha dejado un vacío. Hoy, miro la ventana por donde solía entrar, y busco sin encontrarla cuando sé que ya no volverá. Todavía me traiciona el instinto y casi la llamo, cuando me doy cuenta de que es inútil. Ahora mismo daría cualquier cosa porque saltará, como hacía a menudo, sobre mi ordenador para interrumpirme. ¡Ojalá!

Creo que la tratamos bien, que fue feliz aunque vivió poco. Que fue libre. Hay quien me ha dicho que los gatos caseros viven más. No sé si eso es verdad, lo que sí sé es que Misha no merecía estar encerrada, que sin saltar por el campo y perseguir pájaros o mariposas no hubiera podido aguantar. Que le gustaba subirse a los árboles (un día tuve que subir con una escalera a rescatarla pues no se atrevía a bajar) Que las prisiones no son buenas. Vivió lo que vivió, pero sin duda, siempre fue libre, y eso no tiene precio.

Perdonad que os cuente esta historia, pero quería compartirla. Hasta hoy no he tenido la valentía de hacerlo, pero se lo debo a ella. Le debo este pequeño homenaje. Y lo mismo que compartí con vosotros otras entradas donde hablaba de ella, he querido que lo supierais, porque ella era también Kabila, y con ella se ha ido un poco de esta casa.

Salud y República

25 comentarios:

María dijo...

Se puede llegar a querer tanto a estos animalitos...
Está bien que lo hayas podido verbalizar Rafa, a partir de ahora ya no dolerá tanto su recuerdo.

Besos para los kabileños y procurad disfrutar.

Dean dijo...

Las fotos son preciosas, es una pena que ya no esté.
Un saludo.

Raúl Pleguezuelo dijo...

Te entiendo perfectamente Rafa, nosotros estamos sin Tina (nuestra perra desde hace un año y la echamos en falta casi cada día, sobre todo en vacaciones. Quince años con nosotros...

Un abrazo y un beso a Lola.

Nila dijo...

lo siento mucho Rafa querido. Te entiendo. Un gran abrazo

Felipe dijo...

Quien tiene estos sentimientos hacia los animales es una buena persona y tú lo eres.

Emocionado post para una gran amiga(Misha)

Un fuerte abrazo

Martine dijo...

Fui directamente al Slide, desde el Correo, Rafa.. Sé cómo lo estarás pasando, te escribiré por mail todo lo que me pasa en estos momentos por la cabeza recordando a nuestra Misha, tu Musa y mi Cléopâtre…

Mille bisous tristes, très tristes et émus..

Anusky66 dijo...

precioso homenaje !!!
llegan a ser un miembro de la familia y se les quiere mucho.

Un enorme abrazo

Ysupais dijo...

Siento lo que tú sientes...yo tuve una Misha sin tenerla, a la que la bajaba todas las noches comida,era tan grande que parecia una gata montesa.
Las fotos preciosas, rebuscaré entre las mias para recordar
a la que si tuve, fué a Heidi...y la hice este poemilla que casi es igual que tu texto.
MI GATA HEIDI

Tengo una gata birmana
Que es blanca y acaramelada
Es una gata muy sabía
Es una gata, muy sana.

Ella, la más de las veces
Es blandita, mullidita
Maúlla y maúlla sin cesar
¡ es tan bonita ¡

Graciosa pide sus cosas
Su mirada me lo indica
Pero si no se las das
Revoltosa y hosca se pondrá.

Mi gata tiene su celo
¡ Y clama al cielo ¡
un gatito siamés
la vendría “ al pelo “

¡ Hay que gata tan mimosa ¡
que gata más pretenciosa
todo lo quiere
y todo lo obtiene.

Ella se siente querida
Por los miembros de su hotel
Paseo abajo, paseo arriba
Por él va, mi gata altiva.

Tiene un mullido colchón
¡ es de perlón ¡
una mantita azulita
y es de mimbre su cestita.

El trato que ella me da
Es de amor y compañía
Y yo, procuro tratarla
Como, uno más de la familia.

Alicia.
Enero 1991

mariajesusparadela dijo...

Fue feliz y eso deberá bastarnos. Los que tenemos animales sabemos que suelen precedernos en la marcha. He sufrido por todos los que se han ido. Pero mereció la pena tenerlos. Al menos, siempre nos cuidamos mutuamente.

yraya dijo...

Sobre todo vivió una vida libre y feliz y eso es lo que te tiene que hacer feliz a ti.
Que vaya bien esas vacaciones en tierras tarroconenses.
Saludos

Antonio Rodriguez dijo...

Lo siento Rafa. Ya sabes como me gustan los animales y ya sabes que también yo he pasado por ese trance. Se lo mucho que se les echa de menos, porque al final dan más de lo que ellos reciben.
Un abrazo

Freia dijo...

Aunque ya conocía la noticia, tu texto me ha impresionado y me ha gustado mucho.
Por lo demás, suscribo las palabras de María y los demás.

Un fuerte abrazo a la familia.

Neogeminis dijo...

Nos encariñamos con quienes nos quieren y los animales, las mascotas que nos adoptan, logran conmovernos, se hacen entender, nos dan compañía...es muy lógico que sintamos su pérdida.
Te llevará un tiempo en superarlo, mientras tanto, la tristeza deberá mitigarse recordando los momentos compartidos.

Un abrazo

Genín dijo...

Te entiendo, he tenido ese mismo sentimiento que tu varias veces, demasiadas...
Animo Rafa!
Salud

Eastriver dijo...

Hoy me has provocado una emoción inhabitual. No la rebeldía, la rabia, que nos asalta cuando compartimos injusticias, sino la ternura de la gata que se marchó en abril. Yo he tenido gatos y gatas, y cuando se fueron se llevaron también parte de mí, y se quedaron también un poco en mí. En definitiva, nos enseñan a mirar de otro modo, más reposado, más tranquilo, más elemental. Y eso es una enseñanza que ni en los grandes libros, Rafa. Te mando un abrazo y cómo me gusta que hayas compartido esto, la historia de tu gata libre.

Ciberculturalia dijo...

Querido Rafa, no sabes cómo siento esta noticia y supongo vuestra pena, la tuya y la de Lola. Poco que decir, tan sólo saber que mientras vivió Misha tuvo la gran suerte de estar en una familia que la cuido, la quiso y le hizo parte esencial de la misma.
Os llamo luego
Besos

Miguel Ángel dijo...

Lo siento, amigo. Un homenaje realmente emocionante

Antònia Pons Valldosera dijo...

Leyéndote me parecía ver a la gata de mi hija, Pandereta, que hace lo mismo que Misha, que les adoptó ella a ellos y no a la inversa. Apareció de repente y se quedó en su casa.
Nosotros tenemos 2: Drac un macho siamés encontrado en un contenedor de basura en el que le echó algún desalmado y Lulú, una hembra persa que está fatal. Aún se esconde en los sitios más inverosímiles. El día de San Juan la busqué más de una hora en armarios y rincones preferidos: estaba detrás de la mini cadena. Tiene 15 o 16 años, no creo que dure demasiado. La veterinaria me dijo que tenía como una especie de demencia senil que la hace maullar desesperadamente cuando le da por ahí.
¡Pobre Misha! Los gatos me gustan especialmente porque aunque cariñosos conservan esa independencia y este punto salvaje que es insobornable.
Un beso.

Isabel Romana dijo...

Me ha emocionado conocer la vida de Misha, esa gatita libre que se yergue, de pronto, como un modelo: saber pedir, saber llamar la atención, saber ser. No me cabe duda de que vivió feliz los años que las moiras le concedieron. Podían haber cortado el hilo antes, esa noche de invierno que pasó sobre el alféizar de vuestra ventana. Pero quizá decidieron entrelazar los hilos de su vida con la vuestra y os habéis asistido mutuamente, y comprendido mutuamente. Los animales domésticos son un don, regalo de los dioses. Sólo por ellos sabemos que existen.
Un abrazo muy fuerte.

AF dijo...

Se lo digo por experiencia: si puede usted hacerlo (y creo que puede) no caiga en el error de no 'sustituirla' con otro gato, aunque deje pasar algo de tiempo. No se trata de sustituir, se trata de mantener su equilibrio mental y espiritual (el de usted), algo para lo cual un gato/a ayuda enormemente.

Todavía pasará mucho tiempo hasta que consiga no ya olvidarla, que no se olvida, sino simplemente no tenerla presente cada cinco minutos, que es lo doloroso. Mientras tanto, un abrazo de ánimo.

Un saludo.

Txema dijo...

Lo siento muchísimo Rafa. De verdad, no es una forma de salir del paso.

He pasado por eso más de una vez y se lo que se siente.

un abrazo

RGAlmazán dijo...

Gracias a todos por los ánimos.
Abrazos y besos a repartir.

Salud y República

Dilaida dijo...

Llego tarde, pero no quiero pasar sin decirte que a mi me pasa lo mismo cuando se me va alguno de mis animales.
Piensa que tu gatita tuvo mucha suerte, sigue viva en tu corazón.
Bicos

Sergio - La Tribuna dijo...

Hace 11 años mi gata fue atropellada por un coche delante de la puerta de mi casa.

Todavía me acuerdo de ella, todavía la echo de menos y todavía tengo ganas de tener otro gato.

Éstos sentimientos para con los animales son completamente normales; pero al final uno acaba sabiendo quedarse con sus mejores momentos con el animal y olvidar el resto, que no es mas que un punto en un folio.

¡Un saludo!

Gatamadrileña dijo...

¡Como te entiendo Rafa! El gato mi animal preferido ¡Entrañable Gato!cuando vive en familia se hace entender ya lo creo... Vosotros sabéis que tengo un gato también recogido de aquellas tierras al que quiero un montón, y este minino a su manera da gracias a Misha por las dos latas de rico paté y parte del pienso que le regaló, y que ella no pudo terminar.
Un abrazo de una gata madrileña
Carmina