22 julio 2011

El Papa, el laicismo y la democracia

Enrique Ruiz del Rosal es, además de amigo mío, el presidente de la Asociación Laica de Rivas. Un hombre capaz, serio, cauto y equilibrado que, desde esa atalaya, está desarrollando una labor muy positiva, en favor del laicismo.

El título de esta entrada es el que corresponde a un artículo escrito por Enrique que traigo a Kabila por su valía, y con el que coincido plenamente. Estoy seguro de que será de vuestro interés. Vale la pena leerlo:

EL PAPA, EL LACISMO Y LA DEMOCRACIA

En la última, hasta ahora, carga de la brigada acorazada episcopal, los obispos católicos llaman a desobedecer la futura Ley de Muerte Digna, y aprovechan para poner en duda, una vez más, la “legitimidad de los poderes públicos que la elabora y aprueba”.

En realidad, esta supuesta ley, no sería más que una ley para que se pueda cumplir otra ley, la de Autonomía del Paciente (2002), que reconoce unos derechos que hoy están lejos de cumplirse en los hospitales españoles. En todo caso, no sería una “ley de eutanasia”, como hasta el propio Rouco Varela ha reconocido.

Al parecer, para los obispos españoles, asalariados del Estado, si el Parlamento aprueba unos Presupuestos declarando la visita de Benedicto XVI (B16, en adelante) “acontecimiento de excepcional interés público”, en este caso estamos ante unos poderes públicos legítimos.

Gracias a esta declaración se beneficiarán de más de 60 millones de euros del dinero público, de todos los españoles, sean cuales sean sus creencias o convicciones, convertirán la capital de España en un gigantesco campamento juvenil católico durante una semana, el Parque del Retiro en un grandioso confesionario, el Palacio de Cibeles (Ayuntamiento) en la sacristía de la fiesta de bienvenida a B16, el Paseo de Recoletos en un vía crucis con 14 pasos de semana santa y se pondrán cuantiosos recursos humanos y estructurales a su servicio (7 Ministerios, un aeródromo, 800 colegios públicos, 6.000 policías, cazas del Ejército del Aire, cesión de polideportivos).

El colofón será brindar honores de Estado a una visita de carácter religioso y, por tanto particular, por más o menos masiva que sea la asistencia y, por último, que los máximos representantes del poder civil (Estado y Gobierno) rindan pleitesía una vez más a B16, en un acto de clara e inconstitucional subordinación del poder civil al poder religioso.

De esta forma, con claro desprecio de la supuesta aconfesionalidad del Estado, nuestras administraciones públicas y sus representantes contribuirán, como comparsas, a otra nueva edición de Catolicircus, esa extraña amalgama de espectáculos confesionales, beneficios comerciales, atracciones turísticas y aplastante cobertura mediática en prensa y TV.

A todo este enorme desaguisado ha contribuido el Parlamento, ante el clamoroso silencio cómplice de la casi totalidad de los grupos políticos, salvo algunas honrosas excepciones. A los laicistas no nos cabe duda de que con este comportamiento se intenta, una vez más, remachar la falsa idea de que existe una supuesta identidad religiosa católica como valor “nacional”, a pesar de que la Constitución hace más de 30 años que está vigente.

Este masivo acto de proselitismo forzado (por las autoridades religiosas y por los poderes públicos que dicen representar a tod@s l@s ciudadan@s) lleva implícita una abrumadora violencia sobre la libertad de conciencia de tod@s l@s que no sienten como suyas las creencias católicas, e incluso de muchas personas que, siendo católicas, no coinciden con la parafernalia y valores de este Catolicircus puesto en marcha por la jerarquía católica.

Así pues, para estos obispos a sueldo del Estado, las decisiones puestas en marcha por el poder civil (y especialmente por el Parlamento) para posibilitar esta nueva versión del Catolicircus en pleno agosto, son muy legítimas; pero si se trata de aprobar leyes que reconozcan o amplíen derechos civiles a distintos colectivos de ciudadan@s, como en el caso del derecho a morir dignamente, sin sufrimiento gratuito y, sobre todo, con respeto a la autonomía de decisión de las personas y a su dignidad, en este caso, el poder público que las elabora y aprueba es “ilegítimo”.

Esta calificación no obedece a que les parezca escasamente democrática, con poca participación y deliberación cívica entre los actores sociales concernidos, o a que violente la libertad de conciencia de los individuos. Como ya sabemos, los usos democráticos no juegan ningún papel en la práctica diaria de la institución católica, ni en las vidas cotidianas de sus jerarcas y pastores, como corresponde a una monarquía absoluta de corte medieval como la Iglesia católica.

No, les parece ilegítima porque no se ajusta a su particular moral y a sus particulares valores, imbuidas de su Verdad absoluta e incontestable que, cual aceite de ricino, deben tomar l@s ciudadan@s, les guste o no, “por su bien”.

Olvida la jerarquía episcopal que en una democracia constitucional todas las creencias y convicciones, sean o no religiosas, están situadas en el mismo plano, en condiciones de igualdad jurídica, por lo que no es posible admitir certezas y creencias dogmáticas que se impongan a tod@s l@s ciudadan@s. En eso consiste el ejercicio de la autonomía respecto al poder dogmático de cualquier religión o ideología. Y en eso consiste la dinámica democrática: en una continua confrontación de convicciones y valores, ejerciendo la libertad de conciencia, para buscar las mejores opciones para la convivencia social.

Los obispos están en su derecho de exhortar a sus seguidores a asumir todo tipo de obligaciones religiosas, siempre que no atenten contra sus derechos constitucionales, que es la fuente de los valores morales por los que debemos regirnos tod@s l@s ciudadan@s. Ahora bien, l@s ciudadan@s no tenemos por qué admitir (seamos religiosos o no) que se coarte nuestra libertad de conciencia y nuestra autonomía individual en base a obligaciones dogmáticas de naturaleza religiosa.

Estoy convencido de que cuando el recurso a la religión no es un factor de fortalecimiento de la democracia, de la libertad de conciencia y de la convivencia entre las diversas creencias y convicciones, se convierte en una forma de intentar sustituir la democracia por “otra cosa”. Y la historia nos ha dado múltiples ejemplos de ello.

Enrique Ruiz del Rosal

Salud y República

9 comentarios:

Felipe dijo...

Leído el escrito me acuerdo del vídeo de José Luis Sampedro y de como esta Democracia nuestra nació coja y sigue en un estado anémico.

No nos engañemos,el Parlamento con la complicidad de PPPSOE viola sistemáticamente los derechos civiles de todos(sí,todos) los ciudadanos ya que legisla para unos cuantos.

Para atrás, igual que los cangrejos por esta panda,de vividores

Un abrazo

Anónimo dijo...

Lástima...
Paracuellos se quedó corto... :(

mariajesusparadela dijo...

Y les están permitiendo vender y apropiarse de espacios y lugares que siempre han pertenecido al pueblo. Y les dan en custodia joyas de "se pierden"...lo de este gobierno con la iglesia católica es vergonzoso.

belijerez dijo...

Parece que estemos en los años oscuros del medievo.
No tenemos democracia, es sólo un cambio de escenario de poderes.

Saludos.

GUANARTEME dijo...

Escandaloso. Pero es un tema espinoso y delicado. España no es un país católico pero si folclórico-practicante, y si con un católico normal se puede discutir, con un folclórico no.

Por eso creo que hay que ir acabando con estas cosas, pero despacio, porque si no tendremos la batalla perdida. Quizás tendremos que tragarnos algunas cosas para ir consiguiendo logros.

El problema lo tendremos, como siempre, en la estrategia. Y nos equivocaremos, claro.

Salud y República.

Genín dijo...

Lo de este Gobierno con muchas cosas, incluida la iglesia católica, es patético...
Pero ya veréis cuando vuelva a gobernar un gallego, en esta ocasión del PP...
¿Se notará la diferencia? Yo creo que no, veremos...
Salud

Txema dijo...

También creo que es un tema complicado que tiene varias vertientes, en la que la del "folclore" en absoluto es despreciable.

Posiblemente, esta cuestión tendría que haberse abordado mucho antes, con sosiego y tranquilidad, pero se ha preferido dejar hacer.

Así al día de hoy nos encontramos con que la aconfesionalidad del Estado no existe. La separeación entre el poder temporal y la Iglesia no se percibe.

Los incumplimientos de la Constitución son permanentes, empezando, por poner un ejemplo, en las ceremonias de Estado (funerales o bodorrios) en los que la Iglesia Católica tiene un claro e indeseable protagonismo.

Pero, insisto, es un asunto que se ha dejado pudrir a ahora nos lamentamos.

Saludos

Anónimo dijo...
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RGAlmazán dijo...

Sí, Felipe, en temas como La Iglesia Católica, hemos ido para atrás.

Pues sí, María Jesús, están inmatriculando bienes que son públicos. Una vergüenza. Bicos.

Belijerez, es una democracia diezmada. Un beso.

Guanarteme, lo grave es que no hay intención de acabar. Al revés, se les permite cada vez más privilegios.

Genín, eso es lo triste, que en este caso han sido los socialistas los que les permiten y han permitido estar mejor. De los peperos ya se sabe.

Txema, aunque se haya debido hacer antes, que es verdad, hay que empezar en algún momento a poner las cosas en su justo sitio, y a la Iglesia en el suyo, que no es precisamente el que juega ahora.

Salud y República