29 agosto 2018

Sánchez: donde dije digo, digo Diego; también en el Valle de los Caídos


El presidente socialista se está convirtiendo en el mago de la contradicción. Temas importantes han sufrido un vaivén que ha producido vértigo a tirios y troyanos.

Hoy es el Valle de los Caídos. Pero esto viene de lejos. Empezó con la afirmación de un NO taxativo al 155 para Cataluña y terminó en un SÍ, emparejándose con PP y Ciudadanos.

Hace unos días, nos ha sorprendido con la política de inmigración. Comenzó con la magnífica y acertada acogida del Aquarius, para días después despachar a Marruecos a los 116 inmigrantes que entraron, en cuestión de horas.

Otro episodio ha sido pasar de decir que el Juez Llarena tendría que defenderse con sus medios, por declaraciones hechas fuera de su actuación oficial, sobre el juicio que instruye y, a los dos días, por la presión de la mayoría de la Judicatura y de la oposición, dice justo lo contrario: El Estado pagara la defensa a Llarena ante la Justicia belga.

Y ya lo último, el Valle de los Caídos. Resulta que después de hacer varias declaraciones, desde el año pasado, confirmando que el monumento tendría como fin recordar y honrar a las víctimas del franquismo, ha rectificado, de nuevo. Ahora dice que no lo ve como tal y que se quedará como Cementerio Civil.


Claro que hay que decirlo todo, para entender cómo ha sido este cambio. Era natural y preceptivo que si el monumento llegara a convertirse en un Museo de la Memoria, donde se dignificase a las víctimas, no era compatible con que hubiera una basílica o cualquier otro tipo de templo en el lugar. Sin embargo, Sánchez, con cara de bueno, ha manifestado que ese Museo se hará en otro lugar y que Cuelgamuros quedará como cementerio civil, eso sí, con la basílica funcionando.

Ahora entiendo lo que ha pasado. Está claro, así pienso, que la Iglesia –que rechazaba con fuerza la exhumación de Franco--, ha cedido al traslado de los restos del dictador, a cambio de que no se toque la basílica y el prior franquista siga haciendo de las suyas, y continúe haciendo del lugar –aunque no lo reconozca Sánchez--, un centro de apología del Franquismo, eso sí a costa del erario público. Y si no, al tiempo.

De momento ahí ha quedado Primo de Rivera y ahí queda ese templo que tantas misas y tantos oficios, en honor del genocida Franco, ha celebrado.

Como siempre, el PSOE amaga, pero no termina de dar. Se queda en el camino, cuando no vuelve al principio. Y es que son muchos años haciendo lo mismo. Hablar, prometer y volver atrás. Todo empezó con el NO a la OTAN, y parece no tener fin.

Salud y República

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