05 agosto 2018

Los pétalos de mis Trece Rosas

Hoy se cumplen 79 años. Vergonzoso episodio que un gobierno fascista y asesino perpetró contra la parte más débil de la sociedad. Trece jóvenes fueron asesinadas para saciar con su sangre la venganza de sus asesinos.

Un 5 de agosto de 1939, trece jóvenes esperaban apiñadas en una fría celda, su último momento. Su final. Un tribunal militar criminal las condenó a muerte, sólo con un cargo: pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas. Ese fue su único delito. ¡Malditos!

Y las nombraron. Trece nombres inocentes. Un falso juicio de una hora, sin probar ningún delito, las llevó a la muerte. Sólo una única culpa: ser rojas. A las cinco de la mañana fueron saliendo, algunas se despidieron por carta, otras no tuvieron ni fuerza. Lloraban, sabían que eran inocentes, como lo sabían también sus verdugos. Tuvieron el único homenaje que podían tener: Sus compañeras, según salían, las aplaudieron e hicieron ruido, golpeando con los cubiertos las rejas.

Trece rojas cercenadas por venganza, sin motivo. Hoy todavía recuerdo con emoción a mi madre cuando me contaba con intenso dolor el salvaje episodio. Acusada del mismo delito –pertenecer a las JSU— compartió con ellas los últimos momentos. Con lágrimas en los ojos me dijo, en muchas ocasiones: ¡Hijo, no olvides nunca esta injusticia!

Consiguieron asesinarlas, pero seguro que nunca pensaron que el eco de ese fusilamiento trascendiera hasta llegar a ser ejemplo de la actitud genocida del franquismo y convertirse en un activo inolvidable de la Memoria Histórica de este país.

Hoy, casi ocho décadas después, siguen siendo el paradigma de un asesinato cruel. Ejemplo de una tiranía genocida capaz de matar por matar. Hoy, nuestras queridas rosas siguen esparciendo sus pétalos para revitalizar nuestra Memoria Histórica. Allí, junto a una tapia del cementerio del Este sigue oliendo a rosas y nadie, nadie, podrá hacer que olvidemos uno de los episodios más brutales y salvajes de nuestra historia. Su sangre riega nuestro recuerdo. Sus pétalos son nuestro motor. Su muerte es parte de nuestras vidas. Siempre con su recuerdo. El día que no las recordemos, habremos perdido la dignidad.

Porque trece rosas murieron por todo y por nada…

Verdad, Justicia y Reparación.

Salud y República


P.D. Carta de despedida que escribió desde la celda una de las Trece, Julia Conesa, a su familia:

Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.
Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermano y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.
Adiós madre querida, adiós para siempre.
Tu hija que ya jamás te podrá besar y abrazar.
Julia Conesa.
Besos para todos, que tu ni mis compañeras lloréis.

Que mi nombre no se borre en la historia

1 comentario:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Dios, qué rápido pasa el tiempo y cuánto dura la injusticia! Me sumo a tu recuerdo con mucho respeto. Un abrazo