02 mayo 2014

Rouco gana el oro en la trucada olimpiada de la CAM

¡Tremendo! En un acto de fiesta, hoy 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid, el presidente González –presidente a dedo, no elegido—, ha otorgado la medalla de oro al que, hasta hace poco, fue el presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Desde luego a quienes hemos seguido las constantes interferencias de Rouco  en la política nacional, fuera de su ámbito, no podemos por menos que encontrar equivocada esta decisión.

Está claro que, por otro lado, como la CAM está gobernada por la derecha montaraz no parece extraño que González, a petición de Aguirre y Cía, homenajee a este individuo cuyo mayor activo ha sido la provocación y la lucha abierta contra el estado democrático.

Son tres los aspectos que habría que criticar en esta decisión. El primero es clar0 y rotundo, ¿qué hace un Estado aconfesional homenajeando a un cardenal? La respuesta es conocida, seguimos en un estado confesional, a pesar de la Constitución, donde la Iglesia católica sigue teniendo privilegios inaceptables en una democracia moderna.

Otro de los aspectos que hay que tocar es que este tipejo no sólo no ha sido adalid de la paz y la concordia, todo lo contrario. Sus ataques a leyes progresistas aprobadas han sido constantes. Y desde luego ha destilado odio a la gente que no está en su trinchera, contra la que ha luchado constantemente.

Rouco, adiós

Por último, es interesante leer el discurso del presidente González para darnos cuenta hasta que punto mienten estos peperos. Porque, ¿cómo se puede decir que Rouco tiene una constante preocupación por el bien común, o que ha trabajado incansablemente por Madrid –será por sus adláteres— sirviendo a todos los madrileños, independientemente de sus creencias?

Pero cómo se pueden decir tan burdas mentiras. Rouco Valera ha trabajado para los católicos ultras –cuestión que no critico— y para la derecha española –cuestión criticable—, jamás ha trabajado, ni ha tenido intención de hacerlo, para todos los madrileños, su sectarismo es notorio y reconocido por todos.

Y no es que me oponga a que Rouco u otros obispos trabajen para sus fieles o que en aras de la libertad de expresión critique lo que quiera, lo grave es que se ponen al lado del poder de la derecha ultramontana para seguir manteniendo privilegios que pagamos todos, aunque no seamos de su secta. Eso es lo grave. Que se dedique a lo que quiera, que lance discursos religiosos a los suyos, que trate de servir a su gente, pero no a nuestra costa.

Porque además, Rouco, este maravilloso obispo se ha preocupado de luchar contra el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia, el uso de células vivas, y sin embargo no se le ha escuchado hablar en favor de los necesitados, en contra de esta crisis. No ha criticado a los banqueros, ni a los corruptos, esos son, mayoritariamente, de su clan. Los otros, los parados, los empobrecidos, los trabajadores precarios, los que no tienen subsidio de ninguna clase, las familias cuyos hijos no se alimentan debidamente porque no pueden, esos son los otros, se la traen al pairo. Su mensaje evangélico está destinado a bendecir a los poderosos y a infringir esperanza a los débiles, eso sí, en la otra vida. Mientras tanto, él está pasando por la crisis sin enterarse y viviendo como dios en esta vida.

Por cierto, todavía cree en la posibilidad de que pudiera existir otra guerra civil –por la provocación de “la izquierda intransigente”, y sin embargo no ha dicho ni pío sobre los casos de niños desaparecidos y de los numerosos casos de pederastia que se han dado entre su gente.

En fin, una joya, una medalla de oro en lo que podría ser un despropósito más de este presidente del gobierno regional, más preocupado por los sondeos electorales y por recuperar votos para su partido, hoy en baja. Una medalla de oro trucada, que se ha dado a un tipo como premio por el constante apoyo que la Conferencia Episcoal ha dado a su gobierno y su partido.

Salud y República