26 marzo 2014

¡A rescatar! Ahora la autopistas

Somos los mejores. Somos los rescatadores. Usted no se preocupe, en el caso de que tenga un banco, un hospital o una constructora, y le vaya mal, no se preocupe, usted liberal acérrimo siempre encontrará quien le saque las castañas del fuego: El Estado, o sea los ciudadanos.

Recordemos el hospital de Alzira. Una de las primeras privatizaciones de la Sanidad Pública. Se decidió privatizarlo para que costara menos. Total, quiebra al poco tiempo y entonces se nacionaliza, se pagan pérdidas y se le vuelve a dar a quienes lo quebraron. No me dirán ustedes que no es una maravilla de gestión pública. Eso sí, a favor de empresas privadas.

Después vinieron las Cajas de Ahorro. Esos bancos que pasaron de ser un modelo a ser un desparrame de dinero público. Total que para que no quebraran, tuvimos que poner la minúscula cifra de 41.000 millones de euros. Y eso que nos prometieron que no habría rescate bancario y cuando lo hicieron, dijeron que era un préstamo. Un crédito que no han devuelto ni devolverán, salvo algo de calderilla.

Autopistas solitarias

Y ahora vienen las autopistas. Y es que esto es un vicio. Estamos convirtiéndonos en unos rescatadores profesionales. Estos maravillosos empresarios que tenemos, todos ellos tan liberales para poner precios prohibitivos de telefonía móvil –somos los segundos más caros en Europa después de Chipre—, o de la electricidad –somos los terceros más caros en Europa— o de la gasolina –tenemos los márgenes empresariales más altos de Europa-- y resulta que en cuanto la cosa no les funciona a pedir dinerito a papá Estado.

Bueno, pues la cosa no queda aquí. Ahora resulta que siendo ministro de Fomento Álvarez Cascos y presidente Aznar, se decidieron hacer una autopistas de peaje de salida de Madrid, las llamadas radiales. Seis autopistas innecesarias, que pretendían solucionar algo que no existía. Total que la gente como es así, roñosa y avariciosa prefiere no pagar y no utilizarlas con lo que están más solas que la una y prácticamente en quiebra.

Y claro, que es lo que hay que hacer. Si esta gentuza –me refiero al gobierno y a las empresas— fueran liberales de verdad, dejarían que quebraran y santas pascuas. Pero no, eso no puede ser hay que ayudarles. Y como hay que ayudarles hemos de saber a quien ayudamos: los accionistas de estas autopistas radiales son Sacyr, ACS, Abertis, Acciona, Ferrovial, OHL y Bankia. O sea unos pobrecitos desgraciados que a penas tienen miles de millones de beneficios al año. No es cuestión de dejarles que quiebren sus negocios.

La reacción inmediata ha sido una subida importante en la Bolsa de estas empresas. La cosa queda meridianamente clara, ya sabemos quién gana, y por desgracia también quién pierde.

Total a rescatar. O sea pagaremos el rescate y las deudas, total 4000 millones de euros más, tampoco es tanto. Al fin y al cabo, salvamos a unos pobres. Por cierto, eso de privatizar lo que da beneficios y nacionalizar las empresas en quiebra es propio como vemos de un neoliberalismo cuyo dios es el Mercado.

Por cierto, que se nacionalizan las autopistas y como no funcionan ni parece que funcionaran en el corto y medio plazo, no sólo pagaremos esos 4000 millones, sino que tendremos que pagar el mantenimiento de las mismas y además quien las utilice pagará también el peaje.

Mientras tanto las empresas accionistas encantadas, el gobierno pasaba por allí, y los ciudadanos a pagar.

¡No me dirán que no es un negocio redondo! Otro más. Y es que no paramos.

Salud y República