27 febrero 2014

Mariano en el País de las Maravillas o el Estado de la Felicidad

¡Qué bonito! ¡Y comieron perdices! Es lo que tiene vivir en un país de cuento. Un país maravilloso donde la gente es feliz, donde todo el mundo es igual, donde los ciudadanos tienen todos sus derechos intactos, donde los españoles no tenemos carencias fundamentales. Esta es la España de Mariano Rajoy, ese hombre que o miente o no dice la verdad.

Había que verle y escucharle ayer en lo que debería haber sido el debate del Estado de la Nación y que, sin embargo convirtió en un monólogo indecente que si no fuera por lo serio que es el tema, habría que incluirlo en el Club de la Comedia.

Rajoy mentiroso

¡Hay que tener cara dura! Resulta que todo va de perlas, sobre ruedas. En economía: Apenas habla del paro y cuando lo hace, habla de cinco millones y medio –cuando son casi seis—, y no dice nada del incumplimiento del déficit, y sólo en la réplica pasa por encima de la deuda, que debe ser una broma porque “sólo representa el 95% del PIB”, casi nada. Somos un ejemplo, estamos dando la vuelta al cabo de Hornos –le debió dar lacha hablar del cabo de Buena Esperanza, por aquello de la lideresa—, lo más, un ejemplo en Europa. Por cierto sus dos medidas estrellas, la tarifa plana para la creación de empleo estable no gusta a los empresarios y los sindicatos dicen que no creará empleo. Además, nos ha vuelto a engañar, porque no son 100 euros como dice sino 205, de los que 105 seguirán pagando las empresas.

Por otro lado, la otra gran medida es la de que dentro de un año las rentas del trabajo de menos de 12.000 euros no tendrán que pagar IRPF. Y dice además que afectará a un millón y medio de trabajadores. Bueno pues resulta que los técnicos de la Agencia Tributaria han dicho que afectará como mucho a 400.000 trabajadores y que la media del ahorro será de unos cuatro euros al mes para cada caso. Lo que no llega, ni de coña, para compensar todos los demás impuestos que nos han subido desde hace dos años. En fin, otra medida efectista. Fuegos artificiales para alegrar la fiesta y sobre todo para ir preparando el camino hacia las elecciones europeas.

Sobre política: nada de su corrupción y cuando ha hablado de este tema, vilmente, lo hace como si todos los partidos estuvieran con los problemas que ellos tienen –sólo con la Gürtel, más de cien imputados—. Sobre los incidentes de Ceuta, apenas dos palabras y sin reconocer culpa ninguna. Del posible fin de ETA ni una palabra. Sobre los desahucios ni pío. Y el gran olvidado: el aborto, se ve que está cagadito con el tema, cada vez que alguien trata de defender la ley Gallardón, pierden un puñado de votos.

En fin, una maravilla más. Y es que este hombre nos deslumbra con esa luz al fondo del túnel, nos amansa como ovejitas, nos guía como el magnífico líder que es. Lástima que sea un mentiroso previsible y ya le van conociendo hasta los suyos, aunque lo disimulen bien, sobre todo en las Cortes, donde como saben por el exdiputado Granados se aburren de pulsar el botón, pero tienen que hacerlo. Un día me gustaría verles ensayar –estoy seguro que lo hacen-- esos aplausos tan “espontáneos” y ese júbilo cada vez que habla el líder más triste y gris desde Arias Navarro.

Total, hemos asistido, una vez más, al cuento de Nunca Jamás, lástima que las perdices se las coman los de siempre.

Salud y República