17 marzo 2015

Mis amigos “Los Linces”

Y llegó el día. La cita era en la Kabila tarraconense, ese lugar que me sirve de tranquilidad, al que accedí hace ya once años. Se prometía una semana feliz, así lo esperábamos, aunque no podría serlo del todo, puesto que faltaban Manolo y Naci. Una enfermedad de ella les impidió acudir a la cita. Lástima, aunque estoy seguro de que habrá otra ocasión y esta vez estaremos todos.

Habíamos concertado la cita y allí estaba esperándoles, junto a Lola, el lunes día nueve. Pepe y Maite llegaron a comer, Santi y Herminia, tuvieron una avería de coche y llegaron a más de la una de la madrugada. Pero finalmente estaban allí.

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Se fueron el domingo, por la mañana, después de seis días compartidos con risas, canciones, comidas y excursiones. Seis días que se han hecho cortos. Una semana que ha pasado volando.

Conozco a Santi y a Pepe, también a Manolo, desde la adolescencia. Y tengo de ellos los mejores recuerdos de aquella época. Descubrimos juntos la música de los sesenta, la española, la inglesa, y como no, la italiana y la francesa. Exploramos juntos la amistad, la alegría, las confidencias, los guateques, el primer amor. Todo ello con los pocos medios de la época.

Los guateques consistían en un tocadiscos, unos discos comprados o prestados entre todos, en unos locales que, a falta de otros, eran nuestras propias casas u ocasionalmente un garaje o la casa de los abuelos de alguno del grupo.

Los guateques eran el alma del grupo. Era la culminación de nuestro deseo semanal. Trabajábamos todos esperando el sábado, por la tarde íbamos al cine. El domingo por la mañana nuestra partida de billar o futbolín, después una caña y por la tarde el esperado guateque. Allí nos reconocíamos, era la fiesta donde todos nos sentíamos parte del grupo.

En esa época, que recuerdo con gran felicidad, fuimos ingenuos, fantasiosos, y felices con poco. Un chiste gracioso, una canción nueva de Los Beatles, un roce con la chica que te gustaba, un baile apretado hasta cierto punto, un beso en la mejilla. Poco más, pero había algo que tamizaba todo eso: la amistad.

En los años sesenta nacieron muchos de los primeros grupos españoles, y nosotros no podíamos ser menos. Así es que tratamos de formar un grupo, de ahí el nombre de “Los Linces”, aunque nunca pasó de ser un entretenimiento sin mayor alcance. El único que tenía una guitarra era Santi, luego yo me compre una, Pepe, que pretendía ser el batería, se las ingeniaba con cacerolas, marco de las ventanas o cualquier cosa con la que pudiera hacer ruido al golpear con unas baquetas, como un poseso, y juro que no lo hacía mal. A lo más que llegamos es a que alguna vecina –supongo que aburrida por la constante serenata— cantara alguna de nuestras canciones.

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Pero aquello pasó, como suelo ocurrir, cuando se van consolidando las parejas y buscan su propio camino, cuando se supera la etapa, cuando la adolescencia te hace mayor a la fuerza. Y eso trajo un gran paréntesis. Muchos años han transcurrido y en ese periodo poco nos hemos visto, sin embargo, cuando nos vemos nos reconocemos, sabemos de qué pie cojea cada uno. La intensidad de aquellos momentos adolescentes no volverá, pero se ha formado un hilo imborrable de recuerdos, de vivencias comunes, de poso generacional que, aunque nos hayamos visto poco, nos ha mantenido unidos.

Quién sabe dónde estarán esas canciones que componíamos y cantábamos, quién sabe dónde quedaron esos guateques, quién sabe qué fue de aquel primer amor. Incógnitas, unas conocidas otras no, que han dejado un sedimento común: una verdadera amistad. Hoy no somos cuatro, sino ocho. Cada uno de nosotros con nuestra pareja completamos el grupo.

No puedo por menos que considerar que mis amigos son cojonudos. Seguramente tienen sus defectos, pero muchas más virtudes. Son lo que tienen que ser, amigos. Nos vemos poco, aunque estoy seguro de que, de ahora en adelante, la frecuencia será mayor, pero lo más importante es saber que están ahí, que puedes contar con ellos si lo necesitas, que son parte inseparable de tu historia, de momentos importantes, que forman parte de tu vida, que completan tu currículo.

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En esta corta semana hemos charlado, paseado, cantado –incluso por la calle, como locos, a pesar de que nuestras parejas nos lo recriminaban, ¿verdad, Pepe?-- Hemos vuelto a tener dieciséis años, a vernos en el túnel del tiempo, a compartir, a jugar a las cartas, a recordar viejos tiempos y a hablar de nuestro presente. Y nos hemos entendido perfectamente, a pesar de que hacía años que no convivíamos. A pesar de todos los pesares. De que les llevé por un camino de piedras y Pepe me abroncó porque temió por su “aiga”, o de unas alcachofas a las que Santi denominó algo así como malas hierbas.

Seguro que tenemos ideas diferentes en formas de ver la vida, pero es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, Hay algo, ese hilo del que hablaba, que no nos deja separarnos. Volveremos a nuestra tarea diaria, pasarán días sin vernos, quizá meses, pero sabemos dónde estamos y cómo encontrarnos. Sabemos que siempre estaremos allí donde cualquiera de nosotros lo necesite.

Si hay algo que se elige en esta vida, algo que no viene impuesto, son los amigos. Y yo creo haber elegido bien. Tengo pocos amigos de verdad, ya sabemos todos que los amigos de verdad no pueden ser muchos, seis o siete y estos son tres de ellos.

Gracias, amigos, por habernos acompañado estos días. Gracias por ser como sois, porque sois lo que sois, mi más ni menos: mis amigos.

Salud y República

¿Cuántas veces hemos escuchado y bailado juntos esta canción?

 

Una bella canción de un grupo argentino que habla de la amistad

 

Esta canción seguro que les encanta a Herminia y a Mayte

5 comentarios:

Freia dijo...

Por un momento he tenido la sensación de estar en el blog del abuelo Cebolleta.
Preciosa entrada a los que han formado parte importancia de la vida.
Un abrazo todos.

Genín dijo...

Que suerte tienes jodio, conservar ese tesoro de amistad tantos años no es muy frecuente, pero te estaba leyendo y era como si yo hubiera participado en ese grupo, porque excluyendo la emigración, así fue mi vida con mis amigos, pero no tengo tu suerte, la consecuencia de la emigración es que andamos todos lols que quedamos desperdigados por el mundo, pero es cierto que paree que los años no han pasado cuando sabemos los unos de los otros, aunque solo sea por Skype, me alegro mucho por ti, de verdad. :)
Salud

Neogéminis Mónica Frau dijo...

De tu conmovedor escrito-dedicatoria extraigo una frase que me resulta particularmente valiosa "Seguro que tenemos ideas diferentes en formas de ver la vida, pero es mucho más lo que nos une que lo que nos separa"
Hoy por hoy, esa filosofía de vida de aceptar el natural disenso, corre serio riesgo de extinción, lamentablemente.
Un fuerte abrazo y gracias por compartir.
=)

mariadechipiona dijo...

¡Qué entrada tan bonita y conmovedora!
Dicho lo cual, sobre el tema, es estupendo tener amigos de entonces.
A mí ya no me quedan, la mayoría por malos rollos y porque el rumbo ha sido demasiado desigual en algunos casos.
No sabes la suerte que tenéis.
¡Me alegro!

Jose Luis Garcia dijo...

Tener amigos como tu es un orgullo y haber pasado unos días con vosotros un placer inolvidable, pues efectivamente lo hemos pasado muy bien al ser unos grandes anfitriones. Deseo y espero que sigas escribiendo en Kabila para que tus amigos sigan disfrutando de tus comentarios. Un Abrazo muy fuerte. Bateria de los LINCES.