12 mayo 2013

El PP no cree en la democracia

Y además se aprovecha de ella. Esto se puede decir porque sus actitudes, acciones y sus comentarios denotan su totalitarismo. Ya no hablo de mentiras que dicen constantemente, sino de otros hechos deleznables de los que presumen además con placer.

Hechos que en muchos casos están fuera o bordean el ordenamiento jurídico de un Estado de Derecho. Y es que empezaron ganando unas elecciones con un programa falso, lo que ya pone en duda que hubiera pasado de haber dicho en su programa lo que pensaban hacer. Es muy probable, basta ver las encuestas actuales, que no hubieran ganado. Ese fue su primer paso falso que les hace que gobiernen de forma ilegítima, olvidando que el programa electoral es un contrato y que acudir a unas elecciones con un contrato falso es un fraude democrático.

Pero además hay cuestiones que nos hacen ver su talante antidemocrático. Por ejemplo no creen en la división de poderes. Así, tratan por todos los medios de hacer del parlamento una mera cámara de paso, o bien gobernando por decretos-ley o bien aplastando, sin contemplaciones, con su ilegítima mayoría absoluta.

Pero no sólo se pasan por las ingles el parlamento, el poder legislativo, además tratan de controlar el poder judicial, de tal forma que aunque siempre dicen que no comentan las sentencias y que las aceptan, mienten de nuevo. Basta ver cómo intervienen multiplicando esfuerzos cuando se trata de conseguir actuaciones judiciales a su favor. Acordémonos que no pararon hasta conseguir que Gómez Bermúdez se alejara de los papeles de Bárcenas o hasta conseguir la desimputación de la Infanta, y ahora se enfrentan al juez Ruz, porque les ha echado de la trama Gürtel, como acusación, por actuar de mala fe. Y no se queda ahí, también la han emprendido contra al Fiscalía anticorrupción de Palma.

El Roto miedo democracia 

Además faltan el respeto a los ciudadanos y a los medios de comunicación. Sus contadas ruedas de prensa son un ejemplo de soberbia cuando no de prohibición de hacer preguntas o de presentaciones en plasma del presidente, sin que pueda haber réplica alguna. Y porque no decirlo desprecian la participación ciudadana, lo que han demostrado pasando olímpicamente de una ILP de la PAH que llegó al Congreso con casi un millón y medio de firmas.

Naturalmente no pueden soportar ningún tipo de críticas y así a los que pretenden denunciar sus políticas insolidarias con escraches les han llamado, nazis, fascitas, totalitarios o etarras, entre otras lindezas, a pesar de que el presidente del tribunal Supremo fue muy claro a la hora de defender los escraches y de que la denuncia puesta por la vicepresidenta Saénz de Santamaría ha sido archivada porque los escraches son un acto pacífico de libertad de expresión.

Eso sí, esa rebeldía que tienen con sus ciudadanos, los que les han colocado donde están, aunque haya sido por engaño, se convierte es obediencia ciega y pérdida de soberanía ante la tiranía de Merkel y Cía, a la que se someten agachando la cerviz y empleando el sí-bwana.

Para terminar, citemos a quien hoy es el azote de las manifestaciones, la delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, que en aras de un futuro político prometedor, ha decidido endurecer al máximo el orden público y crea problemas donde no existen. Eso sí, ya hay más de mil ciudadanos denunciados y multados por el simple hecho de manifestarse, una locura que demuestra hasta dónde puede llegar esta gente, incapaz de gobernar de forma democrática y recordando un tipo de gobernación que nos retrotrae al siglo pasado.

Está claro que el Partido Popular no cree en la democracia, simplemente convive con ella maltratándola. Quiere conseguir una democracia de muy baja calidad, donde no tenga que dar cuentas de sus actos a nadie y donde puede actuar a su antojo sin que ni los otros poderes del Estado, ni sus oponentes políticos, ni los medios de comunicación o los ciudadanos puedan interferir en sus totalitarias decisiones.

Salud y República