23 junio 2016

El PP convierte las Instituciones Públicas en cloacas del Estado

No es la primera vez. Han sido cuatro años y medio cometiendo tropelías. No ha sido sólo la corrupción, tampoco ha sido únicamente la prepotencia de una mayoría absoluta impuesta de forma totalitaria. Ha habido también actuaciones que han demostrado que el gobierno del Partido Popular ha utilizado el Estado para sus aviesos fines, sin importarles convertir las instituciones más preciadas en cloacas del Estado.

La última y definitiva –por si quedaba alguna duda— ha sido la utilización del ministro Fernández Díaz de la oficina del antifraude catalán, para perseguir e implicar a personajes independentistas en algún delito. Así lo ha demostrado la conversación del ministro con el jefe de esa oficina, Daniel de Alfonso, en la que le solicita apremio para investigar e incriminar a dirigentes catalanes secesionistas.

Este ministro, ha sido capaz de aprobar la llamada ley mordaza –en contra de todo el parlamento y con críticas severas desde la Unión Europea, por su totalitarismo--, el mismo que se ha divertido otorgando medallas y honores a vírgenes y santos, el que dice tener un ángel, llamado Marcelo, que le ayuda a aparcar el coche; el que ha ordenado y permitido las cargas más severas de la policía contra manifestantes en los últimos años; justo quién, no hace tanto, recibió en su despacho del ministerio, con secretismo, a su amigo imputadísimo Rodrigo Rato. Ese al que le gusta tanto poner concertinas o defender que se disparen pelotas de goma a los inmigrantes africanos. O simplemente acusar a otro partido de ser proetarra. Este mismo ministro ha demostrado ser un personaje capaz de utilizar cualquier medio a su alcance, aunque no haya sido legítimo, para atacar a sus adversarios políticos.

Ahí está. Tan chulo como meapilas. Intentando hacer creer que lo único importante no es la reunión, sino quién la ha grabado. Trata de echar balones fuera como sea, porque a estas alturas del partido no va a dimitir, ni le van a cesar. Intenta tapar con esa excusa lo más grave: Que se ha organizado una trama mafiosa desde su ministerio para perseguir a contrincantes políticos.

Y sí, es verdad que es de resaltar que al jefe de seguridad del Estado le puedan espiar en su propia oficina, pero eso no hace sino demostrar una incompetencia tremenda que da idea de en qué manos estamos.

A todo esto, parece que Rajoy está al tanto. Es más, defiende la tesis de que lo escuchado son conversaciones normales, un verdadero disparate, cuando se trata de organizar una trama digna de El Padrino, desde el centro neurálgico de la seguridad del Estado.

Una más. Y ahí siguen, despidiendo un hedor insoportable, esperando que alguien les tienda la mano el 27 de este mes, para seguir gobernando. Algo increíble. Son tramposos, mafiosos, mentirosos, desleales, patriotas de cartón piedra, insolidarios y no sé cuántas cosas más. Han convertido algunas instituciones del Estado en cloacas por propios intereses.

No puede caber ninguna duda, cada vez menos. Quien vote al PP tiene que ser considerado corresponsable de la política criminal que practica. No es posible seguir con esta gente al frente del gobierno, por higiene democrática deben largarse.

Por cierto, este ministro chupacirios es el responsable del recuento de las elecciones. Y da miedo. Sería el momento –si es que no es tarde ya— de pedir observadores internacionales, no vaya a ser que el ángel Marcelo le ayude a hacer el recuento. De un tipo así, no me fío un pelo.

No queda otra, tenemos la oportunidad de quitárnoslos de encima el próximo domingo. Y la mejor manera es votando a quienes tienen una política alternativa: Unidos Podemos. Hay que volver a sonreír, a creer en la política, en la honestidad.

Salud y República (y no olvides votar con una sonrisa).