15 octubre 2013

¿Qué más hace falta para imputar a la Infanta Cristina?

¿Cómo es posible? Más claro agua. Cualquier otra persona ya estaría imputada, como debe ser. Pero claro, es la infanta, la hija del rey, la hermana del heredero. Y eso hace que la cosa cambie.

Es el primer caso en el que alguien se atrevió a imputarla (el juez Castro) y luego llegó la mano del Fiscal, como saben un lacayo del ministro Gallardón, para desimputarla. Pero había motivos suficientes. Esta señora, aunque rebose sangre azul, era la propietaria al 50% de la empresa Aizoon, una empresa que se nutría de fondos del Instituto Nóos por actos inflados o que no se celebraron, en aras de ser quien era el yernísimo.

Pues parece que ser propietaria del 50% de esa empresa no era suficiente. Ahora resulta que se ha conocido que este maravilloso matrimonio, donde él era un vividor además de duque empalmado y ella, la pobre, ciega de amor, fue ‘obligada’ a participar en una empresa que le proporcionó una tarjeta oro y que la convirtió en una ‘consumidora forzada’, con la que pudo adquirir libros, botas, carburante, flores, cuentas en restaurantes y algunos viajes, entre ellos un safari a Mozambique y Sudáfrica. Es lo que tiene heredar ciertos genes safarianos que también se transmiten, vía sangre azul.

Y es que no hay nada como tener una tarjeta de una empresa fantasma que pague todos tus caprichos. Un día lo conviertes en Librería Aizoon y te regalas los libros de texto de tus hijos, que están carísimos, y la colección completa de Harry Potter, otro día creas Viajes Aizoon y te agasajas con un safari a Sudáfrica o un viaje a Roma para ti y tus amigos, hay que ver al Papa. Y si tienes que echar gasolina que lo pague Aizoon, no vas a ser tan tonta de pagarlo tú.

Infanta Cristina imputacion

Y es que este es el cuento de Cristina en el país de la maravillas (mejor en el país de los gilipollas). Puede hacer lo que quiera que no pasa nada. Para eso es quien es. Una verdadera maravilla que demuestra sin ambigüedad que la Justicia es igual para todos, como ya sabíamos.

En fin, para algo ha de servir pertenecer a la Casa Real. Porque si no pudieran hacer ciertos delitillos no tendría gracia. Vivir sólo de lo que te da papá o tener que estar enchufada en una multinacional no da para tanto. Hay que tener un marido especial, un tipo modelo capaz de hacerte de oro como sea. Y ya está bien de tratar de hacer la vida imposible a esta graciosa pareja por el simple hecho de tenerles envidia. ¿Quién no desearía tener una tarjeta oro y que te pagara tus caprichos? Pues eso.

Recuerdo que una de las primeras premisas que se estudian en Derecho es que la ignorancia no exime del cumplimiento de la ley, suponiendo –que es mucho suponer— que no supiera nada. Claro que habría que añadir que salvo que se trate de una persona de mucha relevancia como es la Infanta Cristina. Ella sí que puede ser ignorante, mujer florero y no enterarse de lo que hacía, aunque se beneficiara claramente de ello.

Mientras, el juez Castro se ha encontrado con el muro que le pone el fiscal. Y es que un juez puede querer ser imparcial e impartir Justicia igual a todos, pero ahí está Gallardón y su equipo para hacernos volver a la realidad. ¿Qué más hace falta para imputar a la Infanta?

Salud y República