09 octubre 2014

Teresa, Excalibur y Paciencia

No voy a repetir todo lo que los medios de comunicación han informado y opinado sobre el caso de la enfermera contagiada de Ébola en Madrid, sería largo y repetitivo, sí que quiero recordar que a pesar de todos los errores cometidos, disparates informativos, promesas incumplidas y mentiras continuadas, después de cuatro días nadie todavía ha pagado con su dimisión. Indigno es que Ana Mato y el consejero de Sanidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, todavía sigan en sus cargos y calienten descaradamente su sillón de mando.

Cualquier cosa vale para salvar su culo, ese culo infame que es capaz de desinformar, esconderse o echar la culpa a la enfermera contagiada. Una desvergüenza digna de canallas metidos a políticos. Algo incompresible en cualquier país medianamente serio.

Teresa Romero y Excalibur

Ellos siguen en sus puestos, echando balones fuera, quitándose la responsabilidad de encima, señalando a Teresa Romero como si fuera la culpable de una serie de errores concatenados, que comenzaron cuando Espe Aguirre decidió desmantelar el hospital Carlos III –que estaba habilitado para tratamientos de enfermedades contagiosas—, después con la decisión de traer a los misioneros, a pesar de no estar preparados para recibir a infectados por el Ébola –así lo expresaron por escrito desde la asociación de enfermería al Ministerio de Sanidad, en abril, antes de que se trasladaran los enfermos terminales— y hoy, después de graves errores de bultos, nos encontramos con una enfermera contagiada y con toda la cúpula política que ha creado el problema tratando de solucionarlo. O sea el zorro en el gallinero. Cualquiera sabe cómo puede terminar esto.

Yo quería remitirme en este escrito a los grandes perdedores de esta chapuza vergonzosa y a una heroína. La primera víctima es Teresa Romero, la enfermera que de forma voluntaria se unió al grupo que trataba a los contagiados y que, por múltiples errores políticos y protocolarios, ha terminado contrayendo el virus del Ébola. Una mujer que tratando de ayudar a otros se ha enfermado gravemente, y que hoy el Consejero de Sanidad de Madrid –todavía sin dimitir— de forma delirante y oprobiosa, sin ninguna prueba, la ha acusado de mentir, mientras él sigue en su cargo sin inmutarse.

Otra víctima es Excalibur, el perro que Teresa y su marido –otro damnificado que está siendo controlado para saber si ha contraído el virus—, al que sin ningún miramiento y sin elegir otras opciones, que según veterinarios existían –como mantenerlo aislado en cuarentena—, le quitaron la vida de forma fulminante. Lo más fácil. Ya saben ustedes aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”. Claro que en este caso, en primer lugar, no se sabía si había contraído el virus y en segundo lugar, su muerte no significa que el virus no siga campando por sus lares. Total, lo mataron para quitarse un problema de en medio.

Paciencia Melgar Ébola

Y qué decir de Paciencia Melgar. Con ella se vuelve a rizar el rizo. Esta monja pidió ser repatriada junto al sacerdote Pajares con el que colaboraba y contrajo también el Ébola. Nuestro querido gobierno no lo consideró oportuno puesto que no era española y sin embargo a pesar de quedarse en Liberia sanó de la enfermedad mientras que Miguel Pajares falleció en Madrid. Seguramente un acierto involuntario de este gobierno: el único. Eso sí, a pesar de que no la aceptaron como paciente, Paciencia Melgar vino a España –una vez curada— para donar su sangre como antídoto y ayudar al segundo sacerdote que trajeron: Manuel García Viejo. Desgraciadamente llegó tarde, pero sin embargo su sangre está sirviendo para tratar de curar a Teresa Romero.

En resumen, este gobierno niega a una monja guineana contagiada de Ébola, ayudante de Miguel Pajares, su repatriación a España, pero, sin embargo, su sangre está siendo utilizada para salvar a Teresa Romero del virus. No me dirán ustedes que no es un caso de solidaridad total, y sin embargo es a pesar de un gobierno --que no quiso hacer ni caso a Paciencia, la monja solidaria--, que alardea de tener sangre antídoto. ¡Ojalá que sea eficaz!

Ébola y PP

Paciencia es, a pesar de este gobierno, que la abandonó, una heroína solidaria. Y Teresa Romero, aunque sea injustamente acusada de mentir y ser la causante del contagio de su enfermedad, ha sido la principal víctima de esta desastrosa actuación. Del pobre Excalibur, sólo decir que lamentablemente terminó muerto para evitar mayores complicaciones a estos responsables, que han buscado una decisión como ésta para tratar de demostrar una eficacia contundente que no existe.

Pero ya sabemos que el partido popular no tiene culpa de nada, son los demás. Así:

  • El fallo ha sido de la enfermera
  • El fallo fue del maquinista del Alvia
  • El fallo fue del maquinista del Metro de Valencia
  • El fallo fue del capitán del Prestige
  • El fallo ha sido que vivíais por encima de nuestras posibilidades

Esta es la marca España, esa que tanto preocupa a este gobierno. De momento ha conseguido que con este problema baje la bolsa, la Unión Europea nos llame al orden y países como el Reino Unido aconsejen cuidado y tener seguro médico a sus conciudadanos que se dirijan a nuestro país. Este país hoy es un ejemplo mundial en eficacia médica.

Sólo queda dar gracias a Paciencia Melgar por su solidaridad, desear que Teresa Romero pueda vencer a este virus y se restablezca pronto, lamentar la muerte evitable de Excalibur e insistir en que como mínimo la ministra de Sanidad y el consejero de Sanidad de la CAM dimitan inmediatamente para recuperar la fiabilidad en el sistema, y para evitar que se dude del alto nivel de competencia y profesionalidad de nuestros médicos y enfermeros.

Salud y República

2 comentarios:

María A. Marín dijo...

El gran fallo es haber permitido que estos ineptos nos "gobiernen"
Yo siento mucha vergüenza de ser española en el día de hoy.

Besos

Genín dijo...

Si, menuda marca están haciendo, de vergüenza... :(
Salud