Después de todo lo que ha llovido, en la Iglesia no escampa. Siguen haciendo de las suyas, sin rubor. Continúan con su pelea de los lazos blancos contra el aborto y su lucha contra el condón. Mantienen su histórica homofobia. Siguen descubriéndose casos de sacerdotes que han abusado de niños. Y, para colmo, siguen dando la matraca con esa idea tan peregrina que tienen de salvarnos, a la fuerza. Y a la sazón esta semana celebran que un dios ha muerto ayer, para que todos podamos alcanzar la vida eterna.
Pues bien, visto todo lo anterior, me veo en la obligación de solicitarles que no me salven, que no maten a nadie por mí, que me quiero condenar y sobre todo que me dejen en paz.
Epístola a la S.I.C.A.R.
Mis queridos sicarios (no se mosqueen, viene de S.I.C.A.R. Santa Iglesia Católica Apostólica Romana), deberían ustedes seguir su camino y dejarnos tranquilos. Constantemente hacen gala de su "superioridad moral", de sus dogmas indemostrables, de sus mitos y ritos, de su salvación eterna. Está bien, sigan por ahí, pero dejen tranquilos a otros humildes terrícolas que no han tenido su suerte y no han sido capaces de alcanzar esa "cosa maravillosa" llamada fe.
Son ustedes unos metetes, ¿por qué tienen que estar tocando siempre las narices a los demás, con la estúpida pretensión de salvarnos? ¿Salvarme de qué o de quién? Déjenme en paz, que estoy harto de que me digan lo que tengo que hacer. Sus prédicas para sus parroquianos.
Que no, que no quiero que por mí muera nadie, que no es necesario. Y que conste en acta que si le crucifican no es por mí.
Porque, ¿a mí quién me salva de ustedes? Son insaciables no se conforman con nada. Tienen prebendas, exenciones fiscales, dinero de todos los contribuyentes, incluidos los ateos, el apoyo del gobierno. Pues nada, todo el día empeñados en que tienen que salvarme. Cuando se enterarán de que no quiero. Los ateos no necesitamos ninguna tabla de salvación eterna. ¡Vaya coñazo! Alguien se imagina jugando a la brisca, eternamente, con Santa Teresa, o al parchís con Santa Rita.
No, que no, que no me convencen. ¡Déjenme en paz! y tiren los cohetes con su propia polvora. Ya está bien la broma. ¡Quiero condenarme, puñetas! Y quiero abortar, eutanasiarme, blasfemar, joder con condón, cantar obscenidades, criminalizar a los pederastas, condenar la homofobia y meter en la cárcel a los apologetas del SIDA. Todo ello, horrible para ustedes. Y si quieren hacer algo por mí, excomúlguenme, échenme de su secta, por favor.
Y ustedes, sigan con sus procesiones, sus misas, su canibalismo, su creencia en embarazos virginales fantasmas o en palomas preñadoras, y en que tres es igual a uno. Me la suda (perdón), pero oíganme. ¡Dejenme en paz!
Así es que vayan a salvarse ustedes que me tienen hasta los webos, y por favor, háganlo con su dinero, no con el mío. Que además de puta, estoy poniendo la cama.
Salud y República